Como si fuera el último…

Sociales 14 de noviembre de 2019 Por
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Es triste caminar la vida sin advertir que no estamos solos, que hay personas que están enfrente y piensan distinto y no son mis enemigos. A veces reflexiono... si todos nacimos de una madre, que nos prestó su vientre para poder formarnos en un lugar tibio y seguro, cómo podemos nacer y después de un tiempo, enojarnos con ella al punto de alejarnos y lastimarla con una indiferencia pasmosa, o dejarla en un asilo, como si fuera un paquete, que ahora que es vieja y temblequea un poco, ya no es segura para caminar, y le cuesta hacer las tareas como cuando era joven , no le tengo paciencia y me exaspera, es realmente increíblemente injusto. ¿Es que no pensamos que nosotros también envejeceremos y dejaremos de ser lo que hoy somos?
Mis queridos lectores, la vida es una gran rueda, todo lo que hacemos hoy con los demás, lo recibiremos mañana, como el justo pago de nuestras acciones. La familia se inicia como un regalo de Dios y pareciera que cuando pasa el tiempo se convierte en un castigo insoportable. La familia cobija, con defectos y virtudes, el ADN de nuestro ser y aunque no lo entendamos hoy, es el único lugar al que podemos volver y cobijarnos en los peores momentos... mamá no nos dirá, fracásate o no te quiero más, o fuera de acá que no hay lugar para vos, más bien nos dará un abrazo y nos dirá... vuelve a intentarlo... vos lo vas a lograr y aunque nos vayamos diez veces y la ignoremos, siempre que volvamos estará dispuesta a darnos un abrazo y decirnos, te quiero mucho.
Muchas veces delante de mí veo escenas que me causan mucho dolor, un hijo que ignora a sus padres, padres que abandonan a sus hijos, personas que buscan destruir a los demás, producto de sus propias frustraciones y sin pensar, que mañana terminan como vivieron, reciben lo que dieron y cuidado, que todos acabamos en algún momento, la vida se termina.
Concluyo diciéndoles... no es más lindo vivir todos los días como si fuera el último, de esa manera aprenderíamos que la vida es bella, que cada día que vemos el sol, respiramos y sentimos el aroma de las flores, estamos vivos, que dar amor implica no pensar si me lo dan a mí, sino disfrutar de poder darlo, si quién está en frente, tiene más que yo, en buena hora, debo alegrarme por él y no entristecerme por no tener lo mismo... Disfruto de poder despertarme, de recibir el beso de quien decidió compartir su vida conmigo, de un hijo, de un nieto, de ver que ellos progresan y aprendieron a crecer sin pisar a otros , solo aprovechando los dones que Dios les dio.
La vida es un don muy preciado y si la vivo día a día, puedo descubrir todos los días, un nuevo motivo para agradecer y sinceramente, si vivo dando amor, si vivo extendiendo mi mano, si vivo escuchando al que lo necesita, un día cualquiera me iré de este mundo y ni me daré cuenta que pasé a otro donde la gloria será eterna, por reencontrarme con quienes tanto amé y ya partieron y por fin conocer a Dios, hacedor de la vida que nos regaló la libertad y nosotros, muchos, no supimos descubrir su gran valor, transformándola en un interés personal, en un tibio libertinaje, en un medio para destruir y no para construir... la libertad bien entendida es la llave para ser feliz y para reencontrarnos todos juntos, como hijos de un mismo Dios.

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