Ah: esa voz que no se oye...¡pero se siente!

Sociales 10 de noviembre de 2019 Por
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Pasan los días, los meses, los años. La vida va desgranando sus incidencias, sus circunstancias, mientras nosotros ayudamos a programarla con nuestros pensamientos, conceptos e ideas, que luego transformamos en palabras, para finalmente darles forma física, o sea manifestarnos en hechos concretos, reales, que al fin y al cabo so los que determinan" quienes somos y hacia donde vamos", aunque a veces damos real precisión a la popular metáfora, " del dicho al hecho hay mucho trecho", pensando una cosas, diciendo otras, y definiendo otra.
Pero en fin, así somos los humanos, y así debemos avanzar cada uno con nuestra evolución personal a cuestas, y tratar de componer de la mejor manera darles cabida y atención solo a aquellos que nos pueden ayudar a ser dignos íntegros y  frente a nuestras obligaciones. Caso contrario, puede que en algún momento, aparezca una sutileza que nos obligue a mirar " para adentro, señalándonos algún desliz, algún error cometido en perjuicio del prójimo, o alguna acción  no debida que nos mantiene en vilo, apareciendo frecuentemente en nuestro panorama mental, perturbando nuestra quietud y paz interior. Es esa voz " que no se oye pero se siente";  es la voz de nuestra conciencia que nos señala el mal paso dado, y nos invita a corregirlo, a enmendar nuestro error. 
Y esa íntima, personal y sublime voz, ¡no se equivoca nunca ni se puede acallar fácilmente y cuesta mucho volverla al silencio, anunciador  que hemos saldado la deuda de ingratitud para con ella, que no acepta ningún arreglo superfluo cuando herimos su susceptibilidad con una mala acción.
¡Caramba!, tanto poder para algo tan sutil, tan inmaterial, tan intangible. Sin embargo está. Tal vez no le prestemos demasiada atención en algún pasaje de nuestra terrenal existencia, o nuestro comportamiento marcha acorde con las leyes cósmicas y su áurea expresión mantiene silencio. Pero debemos estar atentos y prestar atención cuando nos alerta, pues algo nos instó a obrar en desacuerdo al equilibrio vivencial, y tener presente que esa vocecita siempre nos ayudará, pues somos nosotros mismos, únicos, indivisibles y eternos.
Atahualpa Yupanqui nos dice en sus poema "Tiempo del hombre" ' ka partícula cósmica que navega en mi sangre, es un mundo infinito de fuerzas siderales, y vino a mí tras un largo camino de milenios'. Quizás esa vocecita represente en realidad esa partícula que señala el gran Maestro de nuestro folclore; ; en su libro "El Canto del Viento", quizás, quizás.
Por las dudas, tratemos entusiasta y mesuradamente no importunar su sigilo y quietud, pues enmendar un error, siempre resulta doloroso.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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