Sensaciones y sentimientos

Sociales 04 de noviembre de 2019 Por
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REDONDA HISTORIA DE DISC JOCKEYS
Hay áreas donde lo que importa es el resultado –o el efecto- y no la innecesaria polémica de que si para ser real, algo debe tener cuerpo o tangibilidad. Lo saben muy bien los disc jockeys: ellos no “montan” elementos físicos que transmiten música pero sí, armónicamente, crean climas.
Uno de ellos, Juan Carlos Stricker, contó sus recuerdos lo que implica conocer en detalle, cómo y mediante quién, se inició la tarea que sonoramente se define hoy como “animar fiestas”.
Hacia 1971 “Pucho” (Enrique) Colombo había musicalizado algunas fiestas familiares contando con la colaboración del mencionado aportante de estos recuerdos –Stricker-. A pedido de “Pucho”, estando éste de viaje, advertido de que Juan Carlos hacía la tarea de conformidad, el último sábado de febrero de 1971, animó Stricker una fiesta de casamiento en el Country de nuestro Jockey Club. El sábado siguiente, siguiendo de viaje “Pucho”, uno de los invitados a esa fiesta convocó a Stricker para que anime sus fiestas; este último evento fue el que lo hizo conocido por la gente del ámbito social.
En un comienzo las fiestas se ocasionaron en festejos de la clase alta local y del Jockey Club, luego tomaron la costumbre las entidades vecinales. Este tipo de asistentes, muy selecto, entendía y conocía mucho de música, lo que hizo que desde los comienzos haya estado asegurado el nivel de buena música. Se ponía tangos y ritmos internacionales, los concurrentes pedían con insistencia temas de jazz, ejecutados por músicos internacionales y orquestas del País.
Juan Carlos Stricker elegía meticulosamente el repertorio de su propia colección de discos. Fue muy popular el rock and roll, en especial por el “pionero” Bill Halley y sus cometas, además de los recordados mambos por Pérez Prado, los pasodobles, en especial los discos de Feliciano Brunelli y Varela-Varelita. Hacía su aparición entonces el “rutilante astro cordobés” Heraldo Bossio.
Originalmente los equipos eran provistos por “Pucho” Colombo, quien se retiró de la actividad satisfecho por las buenas animaciones de Juan Carlos Stricker y la aceptación de ellas por la sociedad local, dejándole a éste su cartera de clientes. Posteriormente se lo vio a “Pucho” al frente de una disquería local, asesorando fehacientemente a los compradores.
Técnicamente los equipos de música eran Philips de dos platos, de tecnología analógica y “todo lo que llegaba a Rafaela”. Luego hizo su presencia el casette y, casi finalmente, volvió el formato circular con el sistema digital mediante el disco compacto (CD) de 12,5 cm. de diámetro, hasta que la informática hizo que se almacene una importante cantidad de música en poco espacio, sea en disco, o en PC o en notebook.
Stricker, instalado ya en la aceptación general, contó con la colaboración y asesoramiento de Rubén Garay quien, además proveía equipos de sonido. También entre sus contactos estuvo José Luis Scándalo, con quien trabajaban juntos, vinculados asimismo por la amistad.
Desde un principio asimiló Juan Carlos la idea de musicalizar (Disc Jockey) con la entretener a los asistentes, a quienes consideró mucho más que comensales. Es la idea del animador de fiestas, con la precisa necesidad de ser creativo y que cada acontecimiento sea distinto a los anteriores.
De los nuevos eventos, surgidos del trabajo en conjunto con “Miguelito” (la nacionalmente consagrada empresa de Miguel Yapour) se hablará en un próximo artículo.
Hasta tanto, imaginemos que se hizo una pausa en el servicio de comidas y se está esperando el plato principal y el postre. Que los relatos escritos también lo tienen.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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