Y llegaron los zombies

Notas de Opinión 23 de octubre de 2019 Por
La expresión de la primera dama chilena sobre la “invasión alienígena” es buen reflejo de la irresponsabilidad de las elites.
FOTO AFP
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La realidad supera la ficción, tanto que le será bastante difícil diseñar nuevos personajes al genial Diego Capusotto. Cuando la realidad es tan absurda el humor es un remedio necesario para digerirla pero también para explicarla. Micky Vainilla está existiendo de verdad en figuras como Pichetto o Bullrich, del mismo modo algunas tribus urbanas cuando no saben decir otra cosa más que “alta llanta, alta llanta”.
Décadas atrás, Osvaldo Soriano o el querido Roberto Fontanarrosa en sus crónicas y en sus célebres novelas también ha logrado pintar con sarcasmo la Argentina.
Las metáforas son una forma muy útil de resumir la realidad. Las metáforas también se usan en la ciencia y en la vida universitaria.
Hace más de 20 años que en mis clases de derecho me sirvo de un género visual y narrativo muy popular: las películas de zombies.
El cine -incluso el más comercial- en ocasiones reproduce el inconsciente colectivo, con todo lo de fantástico y siniestro que el mismo tiene.
Las películas de zombies son tan populares, entre otras razones, porque dicen algo que la sociedad actual siente: en cualquier momento todo estallará y seremos invadidos por hordas suburbanas o extranjeras, que nunca son seres humanos y mucho menos “ciudadanos”.
Y con los zombies no se dialoga sino que se los extermina. Ellos son la inhumanidad y nosotros la humanidad. La imagen más clara de la grieta real que tiene la humanidad hoy.
Todas las sociedades a lo largo de la historia en situaciones de crisis apelan al “chivo expiatorio”, es un mecanismo tal vez inevitable a este nivel, claro que como las sociedades no solo somos emocionales sino también racionales y valorativas no nos quedamos en dicho nivel de expresión, de lo contrario el mundo sí sería una guerra perpetua.
Estamos viviendo un momento difícil en la historia de Occidente, sabemos lo que no queremos pero difícilmente lo que queremos. Se nos hace muy difícil comprender procesos veloces y complejos, todo lo cual provoca incertidumbre.
Todo esto en un marco de desigualdad aberrante en el mundo: un 1 % concentra el 82 % de la riqueza mundial. Con guarismos mucho menores se dieron grandes revoluciones, en cambio ahora como no hay un programa común difícilmente veamos en pocos años un cambio real en el sistema mundial y por ende en cada país.
Las palabras de la primera dama chilena son reveladoras: “…nos están invadiendo, es como una invasión alienígena…vamos a tener que compartir ahora nuestros privilegios”.
Un líder nacional puede pensar esto y otras cosas más siniestras, pues es nada más que un ser humano. Peor fue su marido que como Presidente dijo “estamos en guerra”, lo que a quienes tenemos memoria nos provocó escalofríos pues la teoría de la guerra interna fue la antesala del Terrorismo de Estado en nuestro continente.
Uno espera de un dirigente nacional por lo menos responsabilidad, que es lo que nuestras elites en el mundo dejaron de asumir.
Si las sociedades explotan en estallidos es porque no tienen otra forma de expresarse y dejaron de creer, sobre todo en un país como Chile donde la desigualdad es lacerante.

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