Volver a creer

Deportes 12 de agosto de 2019 Por
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La noche de este sábado se vio teñida de oro en la ciudad de Lima, virtudes que se acumularon por el talento y la fe irrenunciable de los deportistas argentinos.
Medio millar de ellos hace un par de semanas, ocupan uno de los pabellones de la Villa Olímpica en la capital peruana y sostienen una batalla vigorosa frente a rivales tangibles y de los otros, los viejos fantasmas que el estado, permite que se renueven sin solución de continuidad.
Son un clásico, en el lamento y las quejas de varones y mujeres de nuestro medio, la falta de programas sustentables para vincularlos a las competencias del resto del mundo evolucionado; Argentina no logra salir de una categoría de subdesarrollo en términos de infraestructura y recursos que apuntalen esas aspiraciones, qué, aun así, en impulsos de rebeldía y tesón, acaparan elogios y medallas de todos los metales olímpicos.
No sería del todo justo, sumarse a ese coro de insatisfechos deportistas, sin admitir que, comparativamente, en términos de algunas obras como el Parque Olímpico de Lugano o las instalaciones del renovado Cenard, los atletas disponen de los elementos adecuados para buscar esa autosuperación, pero sí los colocamos en un contexto internacional, la analogía nos conduce a una desdicha sin par. Estados Unidos, Canadá, Méjico y Brasil se han despegado de las carencias del cono Sur y este dato objetivo, repercute mortificando a los que, por este tiempo, reinciden en la porfía de destacarse en los grandes eventos.
Sin embargo, hay algo mágico, no del todo estudiado como un verdadero fenómeno, el apetito de gloria y trascendencia de los deportistas educados en estas condiciones, alcanzan niveles de superación que escapan a todo razonamiento y es allí, donde el deporte argentino, ensaya y concreta sus épicas.
Los Juegos Panamericanos dejan caer el telón y el medallero, es ese reflejo, que devuelve una realidad incontrastable, es allí donde cesan las palabras y las argumentaciones. La legión albiceleste, terminará de redondear una actuación que hasta podría contradecir, el espíritu de este editorial e interpelarnos sobre la influencia de un crónico pesimismo que generalmente nos invade, pero sería parte de una realidad desvirtuada por un resultado parcial.
La buena noticia, es que estos protagonistas de decenas de disciplinas Olímpicas y de los deportes más tradicionales, pese a todo y contra todo, conservan intacto un espíritu que, por momentos, nos emociona y aunque mas no sea con cierta ingenuidad, nos invitan volver a creer.

RECUPERANDO EL TERRENO PERDIDO
El fútbol argentino ha comenzado a levantarse, no con pocas dificultades, de una postración ofensiva. A pesar de ser una usina de jóvenes talentosos que alimenta a las principales ligas, durante mas de una década, las categorías menores de nuestros seleccionados, se apartaron del protagonismo en los principales torneos, hasta la indiferencia.
La gestión de Claudio Tapia, plagada de fundadas críticas, ha podido sobrevivir en cambio, con el proyecto de renovación en el predio de Ezeiza, a los embates políticos, que lo han debilitado en los últimos meses.
La elección de Fernando Batista como entrenador principal del Sub 20, no generó consenso mediático y sí, una sospecha por el solo mérito de una portación de apellido, el Checho, su hermano multicampeón, lo había ungido sin proponérselo, para un cargo para el que se habían postulado, una docena de verdaderos maestros con predicamento.
El tiempo acomodó la carga y el Bocha Batista, luego de llevar al combinado de esa categoría a jugar la final del sudamericano disputado a principios de este año en Chile, este sábado, consiguió devolverle al fútbol de nuestro medio, una presea dorada después de 16 años sin podio en Panamericanos.
Esta conquista tiene otras aristas que invitan al elogio, la mayoría de los jugadores no pertenecen a los equipos con mayor peso de la Superliga Argentina; excepto Adolfo Gaich, goleador de esta camada y propiedad de San Lorenzo, el resto combinan experiencia y formación, proviniendo, en algunos casos del futbol de ascenso. El más emblemático es el del delantero Carlos Valenzuela, otro de los máximos anotadores del torneo, que en el ultimo semestre, fue una pieza clave para llevar a Barracas Central a ganar el ascenso desde la B Metropolitana.
También hay que subrayar a Nicolás Demartini y Lucas Necul, que fueron reclutados por Batista, después de sobresalir en Temperley y Arsenal, respectivamente, equipos que disputaron el pasado campeonato de la B Nacional.
Buenas señales para recuperar la autoestima perdida, sin olvidar, que liderar los procesos formativos, es un arte que exige conocimiento y sensibilidad.

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