La tecnobasura celular

Ecología 12 de noviembre de 2014 Por Redacción
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Todos somos conscientes del creciente problema que constituye el desprendernos de nuestros deshechos. El acto de crear deshechos, aparece desde que el hombre existe sobre la tierra cuando comienza a generar residuos biodegradables y, además, cuando empieza a desarrollar técnica, creando sus propios elementos y utensilios para su supervivencia; apareciendo de esta manera los primeros deshechos inorgánicos o no biodegradables.
En la naturaleza no existen los residuos, pues existe un equilibrio; allí, lo que un ser viviente descarta es inmediatamente utilizado por otros seres vivientes, dado que los organismos descomponedores se encargan de degradar los restos de sustancias orgánicas, que luego se reutilizan en el ciclo de la materia y energía.
Las sociedades humanas, a partir de la industrialización, han cortado estos ciclos, dado que, con este fenómeno social, económico y cultural, se comenzó la producción a gran escala, acompañada por el consumo masivo y, como consecuencia, la particularidad de generar basura que ningún otro ser vivo (salvo el hombre) puede utilizar.
Lo más grave de esta situación es que dentro de todo el espectro de residuos, hemos generado deshechos altamente peligrosos para nuestra salud y el ambiente. Me estoy refiriendo a los residuos tóxicos o residuos peligrosos universales.
¿Qué entendemos por residuos peligrosos universales? Genéricamente los llamados residuos peligrosos universales o masivos, son residuos de origen domiciliario, comercial o industrial, que en virtud de presentar alguna característica de peligrosidad, es conveniente su recolección y tratamiento diferenciado de los residuos sólidos urbanos.
Ejemplos de estos son: pilas, baterías de telefonía celular, tubos fluorescentes, tubos de neón, cartuchos de toner, baterías de automóviles entre otros.
Puntualmente voy a referirme a la tecnobasura celular, dado que la telefonía móvil ha dejado de ser un servicio de lujo para convertirse en un producto de consumo amplio. Los teléfonos móviles contienen gran cantidad de sustancias tóxicas. Entre estos productos químicos nocivos conocidos como PBT´s, se encuentran el arsénico, plomo, mercurio, cadmio, níquel, zinc y berilio.
Pero el componente más letal se encuentra en la batería, fuente de energía portátil que permite la movilidad del teléfono. Las baterías de níquel-cadmio pueden causar cáncer, alteraciones en la reproducción, afecciones neurológicas y deterioro del sistema inmunológico.
Esto se ha tornado en un tema preocupante pues, al final de la vida útil de los celulares, al no saber qué destino darle a los mismos, terminan almacenados en el hogar, o en los rellenos sanitarios. La pregunta clave, es saber qué se hace en nuestro país y en nuestros municipios con los aparatos celulares en desuso. Cabe el ejemplo de la Unión Europea, que está muy avanzada en el manejo de los problemas asociados con el desperdicio electrónico. La Directriz de Desperdicio en Equipo Eléctrico y Electrónico, impone a los fabricantes la responsabilidad de recuperar y manejar sus productos después de ser descartados por los consumidores, y también la necesidad de establecer metas de recolección y reuso/reciclaje para todo tipo de equipos eléctricos y electrónicos.
En nuestro país existe la Ley 24.051 de Residuos Peligrosos, que nos advierte y nos protege del impacto ambiental que producen estos residuos tóxicos.
Es prioritario informar a la sociedad la forma en que se puede contribuir, como usuarios responsables, a reducir de manera significativa la tecnobasura de telefonía móvil, restaurando, revendiendo, optimizando su vida útil y disminuyendo la posibilidad de acrecentar su confinamiento. Es decir, haciendo un uso y desuso responsable y equilibrado de la telefonía celular.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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