La monetización

Editorial 23 de enero de 2014 Por
El dinero circulante alcanza el mayor nivel de los últimos 44 años, comparable a la década del '70 cuando se produjo el "rodrigazo".
Salvo los "precios cuidados", que aún siendo más prolijo que aquellos acuerdos creados por Guillermo Moreno no se le adjudican muchas posibilidades de éxito para impactar contra la inflación debido a su carácter aislado, no se han visualizado otras medidas complementarias en esta lucha anti inflacionaria en la que todos coinciden que hay que llevar a cabo, pues de lo contrario no hay otra salida que el derrumbe de la economía. Por ejemplo, reducción de gastos, eliminación de las restricciones monetarias que afectan las exportaciones, y muy especialmente, una fuerte baja de la emisión monetaria. Esa misma que el ministro Axel Kicillof, apenas un par de meses atrás, dijo que no tenía participación en la expansión inflacionaria, lo cual supone un razonamiento preocupante, habida cuenta que si no hay reconocimiento del mal muy difícilmente se encuentren las soluciones para remediarlo.
Hoy la Argentina está en un nivel récord de monetización, ya que la cantidad de dinero en manos de la gente, más los depósitos en pesos en términos de PBI, se ha llegado al 25 por ciento. La velocidad de la circulación del dinero es realmente inédita, ya que habiendo atravesado por experiencias muy duras en materia inflacionaria, aquí existe una rápida generación de anticuerpos para defenderse, en la medida de lo posible. Nadie quiere pesos, destinándose a inversiones en los niveles posibles, lo cual es una fuerte motorización del consumo, sea en electrodomésticos, turismo o automóviles, según sea el poder de generación de ahorros. También está la compra de divisas extranjeras, hacia donde se vuelca la mayoría de la gente que tiene algún sobrante mensual, o bien aquellos pocos que hacen millonarias compras, cayendo irremediablemente en el mercado paralelo, lo cual potencia la fortaleza del dólar blue, que es justamente lo que desde el gobierno se trata de evitar, ya que está obligado a una devaluación muy fuerte -del 40% en los últimos meses- y sin embargo siempre queda a la misma distancia. 
Y finalmente, la calificada como la más segura, que es la inversión en ladrillos, que según estadísticas es la opción preferida, aunque claro, se debe contar para apuntar a ese objetivo con importante sumas. 
En realidad, la síntesis puede ser que todo vale para refugiarse de los nocivos efectos inflacionarios -según el índice Congreso nada menos que 28,40% interanual y con proyección en alza este año-, eliminando de tal manera el ahorro en pesos, algo que es indispensable para el funcionamiento de la economía de cualquier país del mundo. Es cierto que se mantiene activo y en alza el consumo, pero con una artificialidad que no le adjudica demasiadas perspectivas de proyección en el tiempo. En pocas palabras, este círculo así no puede sostenerse.
En la actualidad, la cantidad de moneda en circulación es la más alta de los últimos 40 años, sólo comparable a cuando en la década del '70 se produjo el "rodrigazo", algo de lo que se viene hablando cada vez con mayor insistencia y que muchos economistas anticipan como factible de reiterar si no se produce alguna variante importante en las condiciones con las que se viene manejando la economía. "En el actual contexto es un polvorín que puede desactivarse, pero que requiere de ajustes para corregir algunos desequilibrios en forma armónica", según explica la situación el periodista Jorge Herrera en el diario "Ambito financiero".
Se está dentro de un círculo vicioso, pues desde el gobierno se dice enfrentar la inflación, pero en realidad incentiva las expectativas inflacionarias de la gente al liberar aumentos en las tarifas de servicios, de los combustibles y toda la escala impositiva, que combinada es récord con la aplicación de gravámenes nacionales, provinciales y municipales. La conclusión es que la velocidad de circulación del dinero va al ritmo de los precios, lo que no es poco decir, fenómeno para el cual desde el gobierno no se responde con la efectividad y eficiencia que correspondería para el caso. El tibio sistema de precios cuidados, que no termina de implementarse en sus idas y venidas, es justamente eso: tibio. Cuando en realidad debería ser contundente, y por sobre todas las cosas, parte de un acuerdo integral.
En este caso se apunta al exceso de monetización, pues cuando más dinero haya en circulación junto a la desconfianza de la gente que no hace otra cosa que desprenderse de esos billetes lo más rápido posible, las soluciones se alejan en lugar de acercarse.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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