Recientemente concurrió a la ciudad de Lucca (Italia) el Dr. Rodolfo Zehnder para recibir el premio que anualmente otorga la Asociación Lucchesi del Mundo a los descendientes de luqueses en el exterior que se hayan destacado según acrediten sus curriculums.
La distinción correspondió este año a Zehnder, miembro del Centro Toscano de Rafaela y el Oeste Santafesino, de un total de catorce premiados provenientes de distintos países del mundo.
El acto de premiación se desarrolló en la ciudad de Lucca, provincia de Lucca, región Toscana, y contó con la participación de importantes funcionarios del gobierno italiano y autoridades locales: un representante-asesor de la región Toscana, un representante de la provincia de Lucca, el Intendente de esa ciudad y de ciudades vecinas, el Presidente de la Cámara de Comercio de Lucca (lugar del encuentro) y el Presidente de la Asociación Lucchesi nel Mondo.
Todos ellos pronunciaron breves alocuciones, de particular interés, haciendo referencia a lo que significó la emigración de italianos hacia distintos países, en especial Argentina y Estados Unidos, y lo que representa la crisis actual que azota el Viejo Mundo y a Italia en especial.
Así, el intendente de Lucca rindió particular homenaje a los héroes anónimos que, venciendo todo tipo de dificultades, habían contribuido a forjar un mejor destino para los países a donde emigraron, gracias a su perseverancia y trabajo constante, y a pesar de la amargura que les significaba estar en una tierra extraña, lejos de su añorada Italia, a la cual tenían conciencia de que les sería muy difícil retornar. Recordó que incluso en Buenos Aires existía una plaza que habían dado en llamar la "piazza del pianto” (plaza del llanto) porque allí se reunían los inmigrantes italianos a dar rienda suelta a su pena, y también a cantar porque el canto y la música eran para ellos bálsamos para ese dolor.
El representante oficial de la región Toscana hizo referencia a “este giro perverso de la historia”, ya que hasta hace unos años Italia -luego de la emigración de fines del siglo XIX y principios del XX- era un destino casi obligado de muchas personas calificadas que contribuyeron a su esfuerzo de posguerra; mientras que en el lapso de los últimos tres años, 350.000 italianos, en su mayoría jóvenes, mano de obra calificada, debieron emigrar de Italia a otros países porque el país no les brindaba posibilidades de desarrollo. Recordó cómo Italia creció partir de 1948 ininterrumpidamente, y ahora hace ya un año que está técnicamente en recesión, con un futuro de algún modo incierto que incentivó esa emigración realmente impensada y que compromete su futuro.
Otros oradores hicieron hincapié en los problemas actuales que enfrenta Italia: desaceleración de la economía, aumento de la desocupación (especialmente en el norte, en las áreas industriales), avalancha de productos de origen chino, inmigración clandestina (principalmente del norte de Africa, que contribuye a la reducción de los salarios), disminución del genuino “artesanado” italiano, aumento del gasto público (a pesar de recientes recortes, en virtud de la crisis), evasión fiscal, corrupción, persistencia de la mafia y sus imbricaciones políticas, éxodo de jóvenes (principalmente a Alemania), falta de credibilidad en la clase política, severo cuestionamiento sobre la conveniencia de permanecer en la zona del euro, aumento de precios y creciente dificultad en el acceso a la vivienda propia.
El representante de la provincia de Lucca, quien no dudó en calificar la crisis como “grave” con un alto índice de desocupación (alrededor del 11%) y una deuda externa que representa un 120% del Producto Bruto Interno (si bien la gran mayoría de los acreedores son italianos, lo cual disminuye un riesgo de default), señaló que Italia tiene una población actual cercana a 60 millones, pero existen más de 20 millones de personas con ascendencia italiana en todo el mundo y que entre todos ellos constituyen una "italianidad" que es reconocida en todo el mundo como factor de progreso y de unión entre los pueblos.
MAS DE LUCCA
Lucca fue primitivamente un asentamiento etrusco y hacia el 180 aC se transformó en una colonia romana. Luego pasó por distintos sistemas políticos: capital del Ducado de Tuscia, sede del Marquesado de la Toscana, República hacia 1430, conservando su independencia hasta 1799; Principado bajo la hegemonía de Napoleón (a cargo de su hermana Elisa). Con la caída de Napoleón, en el Congreso de Viena se creó el Ducado de Lucca, que en 1847 entró a formar parte del Gran Ducado de la Toscana, anexado al reino de Italia en 1860, con la unificación italiana.
Es una típica ciudad medieval, de 8.000 habitantes en el casco histórico (dentro de las murallas) y 80.000 fuera de ellas. Tiene la particularidad de que es la única ciudad que conserva íntegramente la muralla que la circunda, en una extensión de 4.200 metros y que en 2013 cumplirá 500 años.
LUMINARIA
La fiesta denominada la "luminaria de santa croce", a la que asistió Zehnder, se celebra todos los 13 de setiembre, y desde tiempos inmemoriales. Se trata de una de las fiestas y manifestaciones de fe más importantes de Europa. Comienza con una procesión, a las 20, que va desde la Iglesia de San Frediano hasta la Catedral de San Martino, siempre dentro del caso histórico. Por la tarde, cientos de empleados municipales y adherentes engalanan los frentes de las viviendas y negocios con pequeñas luces (“luminarias”); a las 20 se oscurece toda la ciudad, se apagan las luces de todas las casas y negocios, y comienza la procesión, sólo iluminada por esas antorchas y las velas que llevan los participantes. Es extraordinaria la cantidad de gente que reúne. Todos desfilan portando efigies, estandartes, pero no sólo de cada parroquia de la ciudad y vecinas, sino de cada ONG y asociación civil de la región. En procesión, la gente va rezando y cantando al son de distintas bandas de músicos que, cada ochenta metros aproximadamente, también circulan en procesión. Una vez en la catedral de San Martino, los fieles reverencian el Volto Santo, que está alojado en una capilla, en la nave izquierda de dicha Catedral, desde 1484. Se trata de una imagen de Jesús tallada en madera a tamaño natural, y vestido, lo cual en sí constituye una rareza en Occidente. Su origen es incierto, aunque la tradición lo atribuye a Nicodemo (quien junto con José de Arimatea depositó a Jesús en el sepulcro), quien lo habría esculpido en un cedro del Líbano y que arribó misteriosamente a Lucca hacia el año 782. Se hicieron varias réplicas, y la actual data del siglo XI. La imagen es venerada especialmente porque se le atribuyen numerosos milagros, todos tendientes a preservar a Lucca y protegerla de sus reiteradas luchas contra ciudades vecinas (Pisa y Firenze).