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Waris Dirie : la flor del desierto

Una noche cuando ella tenía unos 13 años su padre la llamó y le presentó a un señor de unos setenta -vas a irte cariño. Te he encontrado marido. –No papá, no; no me quiero casar- y allí surgió desesperadamente una idea que venía repitiendo: huir. Se imaginó viviendo con el viejo en algún sitio remoto y aislado.

Luego cuando muriera de un infarto tendría que vivir sola o criar sin ayuda a cuatro o cinco niños. Aquella no era la vida que ella quería. Esa noche decidió partir a Mogadiscio situado a orillas del océano Indico.

Al pasearse por sus calles iba alargando el cuello para contemplar los elegantes edificios blancos rodeados de palmeras y flores de vivos colores. Llegó varias semanas después de haber huido. Se alojó en la casa de su hermana Aman quien le ofreció alojamiento y dinero. Con todo era evidente que no congeniaban. Volvió a mudarse. La mañana siguiente volvió a salir a buscar empleo. Fue a hablar con el capataz de una obra en construcción y empezó a trabajar como albañil. Todos pensaban que no aguantaría pero pasó allí un mes y logró ahorrar 60 dólares. Se los envió a su madre por conducto de un conocido, pero nunca los recibió.

Un día haciendo la limpieza en casa de su tía llegó el esposo de otra hermana de su madre al que habían nombrado embajador de Somalía en Londres e iba a trabajar allí ¡Londres! No sabía donde estaba pero sí que era un lugar muy lejano y lejos quería estar. Llamó a su tía y con voz suplicante le dijo – Por favor pregúntale si podría llevarme a mí.

Luego la llamó y ella entró de un salto. Se quedó plantada con el plumero de ristre, mascando un chicle. El la observó y le dijo: sos joven, vas a estar bien allá. Iremos a Londres. Al día siguiente el tío pasó a recogerla y le dio un pasaporte. Lo miró maravillada. Era su primer documento con su nombre que veía.


CAMBIO DE RUMBO

Empezó a asistir a clases gratuitas de conversación, lectura y escritura en inglés. Una tarde al volver a casa sacó la tarjeta del fotógrafo que le había introducido en el bolsillo. Fue al cuarto de Halwu, se la mostró, le contó la historia y le dijo que nunca supo que quería ese hombre -¿y por qué no telefoneas y se lo preguntas?- repuso. Su amiga llamó y al otro día fue a inspeccionar el estudio de Mike Gross. No sabía que iba a encontrar allí, pero cuando abrió la puerta penetró en otro mundo. El vestíbulo estaba tapizado de carteles con fotos de mujeres hermosas. Lo supe en el acto: Esa era la oportunidad que buscaba. Volvió al estudio dos días después. La maquilladora la hizo sentar y puso manos a la obra: tomó cepillos, algodones, esponjas y me aplicó en el rostro toda clase de cosméticos. Cuando terminó dio un paso atrás y muy sonriente le dijo: ahora mírese al espejo. Lo hizo. Su cara se había transformado. La tenía dorada, tersa, iluminada por el maquillaje. La mujer la llevó donde estaba Mike que le hizo sentar en un banquillo. Se puso a observar aquellos objetos que nunca había visto: la cámara, las lámparas y los cables que colgaban como serpientes.

Muy bien dijo él. Junta los labios y mira al frente. Alza la barbilla. Perfecto, ¡qué belleza! Mike sacó un trozo de papel de la cámara y le dijo que se acercara. Ante sus ojos fue apareciendo una imagen como por arte de magia. Cuando examinó la fotografía apenas pudo reconocerse.

Era una mujer hermosa, como las de los carteles del vestíbulo. La habían transformado. Ya no era Waris la sirvienta sino Waris la modelo.


VIEJAS HERIDAS

Poco después una representante de una agencia de modelos que había visto las fotos, le envió una prueba para conseguir empleo.

El lugar estaba atestado de modelos profesionales que caminaban como leonas al acecho. Se acercó a una de ellas y le preguntó de que se trata.

- Es para un calendario de Pirelli. -Ah, vaya, dijo, haciendo como que entendía. Que diablos es esto. El fotógrafo Terence le ofreció té y le mostró sus trabajos que tenía sobre la mesa. En cada página había una mujer despampanante.

-Este es el calendario del año pasado, le dijo. Este año va a ser distinto. Sólo mujeres africanas.

Su carrera como modelo fue en rápido ascenso. Trabajó en París, Milán, Nueva York, donde le fue de maravillas y empezó a ganar más dinero que nunca. Hizo una serie de comerciales para una joyería ataviada con sábanas blancas. Apareció también en anuncios de cosméticos para Revlon. Poco después su imagen figuraba en las grandes revistas de moda: Elle, Glamour, y las grandes ediciones italianas, británicas y estadounidenses de Vogue.

Pese a los éxitos de su nueva vida conservaba las heridas de la anterior. El orificio que la gitana le había dejado hacía que tardara unos diez minutos en orinar. También menstruar era un tormento. Cada vez quedaba más discapacitada durante varios días que iba a la cama y esperaba que pasara el terrible dolor. Cierta mañana mientras llevaba una bandeja sufrió un desmayo repentino y dejó caer los platos. Cuando recobró el sentido su tía le dijo- Tenemos que llevarte al médico- haremos una cita con el mío para esta tarde. No le reveló al médico que la habían mutilado. Cuando la examinó no descubrió su secreto. Entonces se dio cuenta que tenía que buscar otra opción. -Tal vez debería ver a un especialista, le dijo a su tía. -No, repuso con tono tajante. ¿Qué le has contado a esos hombres? -Nada, ya sólo no quiero sufrir.

El mensaje implícito en sus palabras era que la infibulación consistía en una tradición venerable y no tenía que discutirla con los blancos. Con todo empezó a comprender que lo que tenía precisamente que hacer y que no deseaba seguir padeciendo, volviéndose una inválida diez días de cada mes.

Cuando fue al consultorio del Dr. Mike Macras le dijo – Hay algo que no le he contado. Soy de Somalía y punto…y ni siquiera la dejó terminar.

-Vaya a cambiarse, quiero examinarla- Al ver que ponía cara de terror agregó- no se preocupe, nada malo le va a pasar. Explíquele que el orificio que le dejaron para orinar es demasiado pequeño, le dijo el Dr. Mike Macras el desconocido que era somalí como ella. Ni siquiera entiendo cómo ha podido sobrevivir. Es preciso operarla lo antes posible. Y luego dijo: -la pueden operar pero esté consciente que eso alteraría su cultura. Se volvió al médico con recelo y luego le dijo que no.

Aplazó un año la decisión de someterse a cirugía. Antes tuvo que resolver ciertos problemas prácticos, así como las dudas de última hora.

Macras le hizo un buen trabajo y siempre le estará agradecida. -Ud. no es la única, le dijo. Aquí vienen mujeres aquejadas de lo mismo todo el tiempo: mujeres de Sudán, Egipto y Somalia. Algunas llegan embarazadas, otras arriban de Egipto y muertas de miedo. Vienen sin permiso del marido y yo las opero.

Cuando fue madre, se completó su ciclo. La alegría que le dio fue intensa. La vida es lo único que le importa y eso es lo que quiere dar a luz. Luego de completar su ciclo de vida como mujer, que empezó al ser infibulada a los cinco años.

Cuando ella tenía unos treinta sentía aún más respeto por su madre. Con el paso del tiempo y conforme iba aprendiendo más aumentó su conciencia de que por culpa de un rito cruel muchas mujeres en Africa tienen que vivir con dolor.

Pasó el tiempo; la revista Marie Claire le pidió una entrevista. Al día siguiente se sintió aturdida y avergonzada. En adelante todo el mundo sabría su secreto más íntimo. Ni sus amigos más cercanos sabían lo que le había ocurrido de pequeña y pronto iban a saberlo millones de desconocidos.

Cuando piensa en las niñas que sufren lo que ella sufrió se le parte el alma y la rabia aflora. Con gran orgullo aceptó la invitación del Fondo de la población de la ONU para integrarse a la lucha.

Regresará a Africa a contar su historia y a denunciar este crimen. A sus amigos les preocupa que algún fanático intente matarla pues una gran cantidad de fundamentalistas consideran la mutilación genital femenina una costumbre sagrada prescripta por el Corán.

Pero eso no es verdad. Ni el Corán ni la Biblia la mencionan siquiera. Su mayor deseo es que en el futuro ninguna mujer tenga que sufrir esta terrible experiencia y por eso está luchando. Desde el día en que se salvó de morir devorada por un león tuvo la certeza que Dios tenía planes para ella y que había una buena razón para que viviera. Le han encomendado una tarea y esa es su misión.

La lucha será peligrosa y confiesa que tiene miedo, pero debe arriesgarse. Es lo que ha hecho toda la vida.

Autor: Redacción

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