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"Volví del infierno y de la tragedia hace un año"

Invitada por el Voluntariado del Hospital SAMCo "Dr. Jaime Ferré", Gabriela Arias Uriburu brindó una conferencia testimonial ante unas 350 personas, anoche en el Teatro Lasserre, bajo el título "Lo heroico del camino".

Gabriela Arias Uriburu, argentina oriunda de Buenos Aires, alcanzó gran notoriedad pública en Diciembre de 1997, cuando repentinamente sus tres hijos desaparecieron sin dejar huellas de la casa que habitaba en Guatemala.

Así comenzó un largo derrotero de dolor y sufrimiento para Gabriela, que la hizo reconocida en todo el mundo como “madre coraje” por su inclaudicable lucha de una docena de años por recuperar el contacto con Karim (19), Zahira (17) y Sharif (15), los tres hijos que concibió junto a su ex esposo jordano musulmán, Imad Shaban, del cual en aquellos tiempos se divorciara.

Hoy Arias Uriburu preside la Fundación Niños Unidos por el Mundo (www.foundchild.org.ar), una ONG que promueve el respeto de los derechos de los niños nacidos de matrimonios multiculturales.


SU CALVARIO

Repasando ayer frente a la prensa rafaelina lo vivido a lo largo de esos interminables años, Gabriela expresó que "para mi esto también me significó ponerme en el lugar del hijo, porque tuve una historia con mis padres muy difícil, de una separación muy complicada. Lo que yo les pedía es que «sean padres y no me pongan a mi en medio del conflicto de las personalidades y de los egos, porque ustedes tienen que cumplir conmigo una función, un rol de padre y de madre»". Confesó también que quizás es la primera vez que dice esto públicamente.

"Volví del infierno y de la tragedia hace un año. Ahora ya siento resueltas y curadas muchas cosas, y lo importante es que volví, porque podría no haber vuelto" conjeturó. "Lo importante es decirle a cada individuo que puede hacer su vida más allá de las experiencias que esté viviendo, cada uno es portador de una llama interna que invita a que cada uno y su camino de vida sean posibles" reflexionó.

Arias Uriburu consideró también que a partir de su experiencia cambiaron algunas cosas, como que "todo el mundo empezó a mirar (el papel de) los niños en esta historia; y esto fue un cambio total de la mirada, ya que antes la discusión era con quien tenían que estar los niños, si con su padre o con su madre. Esto cambió radicalmente hasta las cuestiones diplomáticas entre Jordania y la Argentina, porque nadie discutía ya con quien tenían que estar los chicos sino que estos debían retomar el vínculo con la madre para seguir acompañando la crianza y el crecimiento. La crianza de un niño no es más ni de uno ni de otro, los dos son importantes en este camino (...) Yo ahora soy una observadora de cómo ellos van a integrar Oriente y Occidente, porque ellos ahora salen al mundo occidental luego de haber estado 13 años en Jordania".

Luego Gabriela comentó que sus hijos, a pesar de la edad que ya tienen -Karim (19), Zahira (17) y Sharif (15)- lo vivieron como una tragedia, y que Karim, quien ya se encuentra en la Universidad cursando en Suiza, dijo en uno de sus últimos reportajes que «no juzguen a mis padres porque esto ha sido un gran problema y yo amo a los dos». "Cuando lo volví a ver a Karim en Jordania -dijo Gabriela-, lo primero que hice es abrazarlo y decirle que por eso (que el dijo) yo había luchado".


PREGUNTAS

Ante la consulta de LA OPINION sobre si considerando las diferencias culturales y religiosas y lo apegados que son los musulmanes a cumplir los preceptos de su religión, no se pudo prever con anterioridad la posibilidad de un conflicto como el que se dio, Gabriela respondió que "Está bueno hablar sobre la multiculturalidad y las diferencias, pero uno cuando se enamora lleva ese amor a su territorio y lo quiere hacer suyo sin importar la religión. Yo sabía que Imad era musulmán, pero cuando uno está enamorado cree que la integración es posible y no considera que hay una cuestión ancestral muy profunda que puede jugar en cualquier momento en la historia de cada uno de nosotros. Ahora sé que el amor es válido con cualquier persona del mundo, pero no (debe determinar) con quién te vas a casar o tener hijos". Ante una nueva pregunta y profundizando la cuestión, Gabriela amplió diciendo que "en el Islam el que tiene la patria potestad es el padre" y reconoció que sus hijos son musulmanes "porque se han criado en el Islam".

También consideró que en el Islam la mujer no tiene una «inferioridad» como muchas veces se piensa, sino que "manda en su casa y en la educación, es la que lleva la economía de la casa. Es un matriarcado escondido" explicó. Ante la pregunta de si se sintió aceptada por su familia política, Gabriela respondió que "Aceptada no. Y cuando el caso se hizo mediático no me querían ni ver..., hasta el día de hoy la familia de Imad lo ve de esta manera".

De todos modos admitió que esa mediatización del caso fue necesaria, ya que ella no sabía dónde estaban sus hijos, y que "cuando supe que estaban en Jordania sabía la que se me venía. A Jordania iba a tener que entrar con un cuidado internacional, porque al haber estado yo casada bajo el Islam, que yo entre o salga de Jordania dependía totalmente del padre de los chicos. Corría el riesgo de entrar y de que me prohibieran la salida, quedar atrapada en el sistema de leyes musulmanas".

Concluyó, "en los peores momentos me aferré a la vida. La pasé muy negra porque fueron once años de un tremendo dolor".


FUNDACION

FOUNDCHILD

Pasando a hablar de su legado, cual es la Fundación Niños Unidos por el Mundo (www.foundchild.org.ar), Gabriela explicó que "La Fundación es una formadora. Mas que trabajar o resolver casos, ayudamos a que la resolución la lleve a cabo cada papá o cada mamá. A través del caso de mis hijos, la Fundación lleva toda una postura filosófica de cómo un papá y una mamá tiene que 'sanar' en algún punto una historia familiar para que este niño se reencuentre con ellos en una situación de superación, y que el chico no se siga convirtiendo en el brazo 'armado' de los padres dentro de una pelea conyugal".

Prosiguió, "Todo niño que tiene una tragedia con sus padres, provienen de un divorcio donde se divorcian el esposo y la esposa pero no se divorcian los padres, y ese niño necesita de sus padres toda su vida. Pero si ese hombre y esa mujer llevan al territorio del niño cuestiones no resueltas en el ámbito conyugal eso se convierte en un campo de batalla. Y el chico termina siendo un 'campo minado' donde los padres, en lugar de preservarlo para continuar con la crianza, terminan implicando a toda la familia por un problema conyugal y se produce un desorden en la familia. Pero esto no está planteado así ni en la Justicia, ni políticamente, ni en las escuelas. Esta es la tarea de la Fundación: ir de a poco entrando a nivel comunicacional para que se entienda que hay que proteger al niño y que los padres tienen que desligarlo de los problemas personales".

"En nuestra historia personal -continuó Gabriela-, Imad (Shaban, mi ex marido) y yo no pudimos resolverlo de forma saludable y entonces todo esto llegó al territorio del niño lo cual produjo lo que es conocido. Mi trabajo en estos 14 años fue restituirle a los chicos la familia y volver a tener un contacto 'normal' con el padre. Los niños son los constructores de la familia, no lo son los padres, y estos deberían darles las herramientas necesarias para que los chicos luego salgan de la casa y se conviertan en individuos. Este debería ser el camino que cada papá y mamá emprende con sus hijos, más allá de las cuestiones culturales y religiosas".

Respecto de cuándo surgió la idea de iniciar la Fundación, Gabriela contestó que "fue inmediato. La Fundación la creé en el mismo momento en que mis hijos desaparecen y empiezo a encontrarme con historias parecidas de otros chicos, y empiezo a sufrir y a no dormir pensando en la cantidad de chicos que están pasando situaciones como las de mis hijos".


HOY

Actualmente Gabriela no depende de un régimen de visitas para ver a sus hijos ya que los mayores cumplen mayoría de edad y viven en Europa, siendo la relación con su ex marido "muy buena". Después de más de una docena de años de una lucha incansable, la pesadilla de Arias Uriburu parece haber quedado definitivamente atrás, y ser el faro que guíe a muchos otros padres y madres a lo ancho de todo el mundo.

Autor: Javier Alfonso

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