Marcos Vinicius da Cruz de Melo Morais nació en Río de Janeiro el 19 de octubre de 1913. Posiblemente fue una de las pocas veces que su nombre fue dicho en forma completa, ya que al ser conocida su obra y conectarse con artistas del canto, la música y la poesía, le sobrevino una manera de llamarlo más sintética y significativa; será para todos los tiempos que vengan simplemente “Vinicius”, el autor de “Garota de Ipanema” (dicho así, en portugués, por más que sea conocido por todos que una “garota” no es otra cosa que una muchacha, una jovencita o una “chica”). Como poeta publicó libros en los que, enérgica y profundamente, expresa el mensaje social, el canto a la belleza y al amor y una profunda reflexión con sentimiento religioso y la presencia inspiradora de Dios, pero para analizar mejor ese modo de expresarse, se hace necesario escribir un artículo especialmente dedicado a su poesía.
Vinicius fue escritor, poeta, compositor y diplomático. Estuvo en Argentina en un entonces muy reconocido café concert de Buenos Aires integrando un inolvidable dúo con Toquinho. Impulsor notable de la bossa nova, en el verano de 1962, vio desde una terraza de la playa de Ipanema a una muchacha que lo impresionó tan vivamente que, inspirado en ella, compuso la letra de su bossa más emblemática, la que contó con musicalización de Antonio Carlos Jobim, conocido luego como Tom Jobim. Ella se llama Heloísa Eneida Menezes Paez Pinto, nacida el 7 de julio de 1943. Se enteró de que era la inspiradora de la canción por una confesión que le hizo Vinicius en 1965 y es dueña de una cadena de locales de venta de bikinis que se llama, ¡por supuesto! “Garota de Ipanema”.
Para hacer un poco de justicia acerca de sus hábitos de vida ya que se destaca siempre su carácter de bohemios noctámbulos, es necesario decir Vinicius y Jobim fueron más que otra cosa, notables profesionales de la música.
La traducción literal de “Garota de Ipanema” dice: “Mira que cosa tan linda/ tan llena de gracia/ es ella la chica que viene y que pasa/ en un dulce balanceo camino del mar./ Moza de cuerpo dorado del sol de Ipanema/ su balanceo es más que un poema/ es la cosa más linda que yo vi pasar./ Ah, ¿por qué estoy tan solo?/ ah, ¿por qué todo es tan triste?/ Ah, la belleza que existe/ la belleza que no es sólo mía/ que también pasa sola/ Ah, si ella supiese/ que cuando ella pasa/ todo el maldito mundo se llena de gracia/ y queda más lindo por causa del amor”.
La estadística y la necesaria precisión de los datos históricos dicen que murió el 9 de julio de 1980, pero a Vinicius le rinden homenaje permanente los que aman el arte y su posibilidad de vuelo y libertad, los que se expresan con el canto y la música y practican el goce sensual de sentirse vivos, y también los que van a las playas (por qué no a las praias) y miran atentamente a las muchachas (pensándolas como garotas) tratando de descubrir una Heloísa Eneida propia y, quién sabe, con la secreta esperanza -que es posible que también haya tenido Vinicius- de una posible relación llena de música, armonía y belleza.