Don Víctor Vergara tenía 100 años, y aunque su salud había decaído en los últimos tiempos, casi toda su existencia la transcurrió disfrutando de un físico y un estado privilegiados, gran caminante, excelente lector, amigo de todos, jovial y charlista. Era habitual verlo por las calles, o en la mesa de un bar leyendo diarios, siempre de traje y corbata, dispuesto para el saludo, para dar o recibir alguna broma de buen gusto. Ayer, sus restos fueron inhumados en el cementerio local.
Había llegado aquí hace varias décadas, procedente de la ciudad bonaerense de Junín, desempeñándose en el Banco Hipotecario que por aquellos años estaba en la esquina de bulevar Lehmann y San Martín, permaneciendo allí hasta su jubilación. Amante del ajedrez, rápidamente se incorporó a esta práctica en los círculos locales, haciéndolo en forma amistosa y como aficionado hasta hace pocos años atrás, o bien interviniendo en torneos de la Federación Rafaelina o en matches frente a otras instituciones foráneas. Solía presentarse entonces como "ex campeón de Junín".
Para quienes lo conocieron y trataron, don Víctor será recordado como una buena persona, simpático, charlista y buen escuchador. Tenía un precepto que solía compartir con sus amigos para hacer más placentera la vida: "frente a los problemas, si tienen solución no hay que preocuparse, y si no la tienen, ¿entonces para qué hacerse mala sangre?" Solía repetirlo cuantas veces podía, y lo aplicó estrictamente a su propia existencia, que fue centenaria.