Una versión obtenida en fuente calificada, permite a LA OPINION online dar a conocer detalles de un episodio de suma gravedad, contabilizado en la jornada de la víspera -cercana la hora 18- en un domicilio sito en la calle Julio A. Roca, a unos 50 metros de su intersección con Independencia, no muy lejos de la Terminal de Omnibus de Sunchales, departamento Castellanos.
LO QUE SE DICE SUCEDIO
De acuerdo a lo aportado extraoficialmente, en la finca que habita un hombre de 83 años estaban el dueño de casa junto a una mujer que lo cuida, y una hija (profesional con residencia en Rafaela), que arribó para visitarlo.
En dicho escenario, cuando se hallaban en un sector del patio dispuestos a una mateada, se produjo una situación inesperada y extremadamente grave.
Por una ventana del frente del inmueble -que fue abierta obedeciendo a la alta temperatura reinante- se concretó el ingreso de un sujeto, a la vez que se escuchó sonar el timbre por lo que quien cuida al anciano fue hasta la puerta a fin de atender la requisitoria.
Fue allí que encontró al intruso, a la vez que un cómplice también ingresó a la casa.
Así las cosas -siempre obedeciendo al relato de la fuente informativa antes descripta- uno de los individuos tomó por el cabello a la cuidadora, y apuntándole con un arma de fuego se encaminaron a la parte trasera.
Con la situación dominada, los malvivientes exigieron la entrega de dinero, por lo que la hija del dueño de casa entregó lo que tenía en la cartera, suma que no los sedujo y acto seguido (en una forma de amedrentamiento a las víctimas), los golpearon duramente.
OCASION DE FUGA
Uno de los delincuentes -cuyas edades estarían entre los 25 y 30 años- llevó al hombre hasta el baño, en tanto el restante hizo lo mismo con la mujer, que fue obligada a ir hasta una habitación.
Esta instancia permitió que quien había llegado de visita escape por la puerta principal hacia la vía pública, y la maniobra se concretó pese a que uno de los sujetos de mención trató de detenerla.
GRITOS DE AYUDA
Quien escapó de una acción de privación ilegal de la libertad, a gritos pidió auxilio y de ello se hizo eco gente que estaba en la zona, acudiendo en ayuda.
Alertados de lo que ocurría, los malvivientes se dieron a la fuga.