Ha pasado mucho tiempo desde que las llanuras abisales del planeta comenzaron a albergar especies vivientes en su seno, entre las cuales y a través de incontables transformaciones, también aparecimos nosotros como raza humana.
Primarios avances científicos beneficiaron a infinitas razas, que luego de evolucionar, fueron dejando el lugar a otras civilizaciones más adelantadas. Y así se fueron sucediendo las etapas que nos alcanzan actualmente, que por supuesto no son las últimas, sino que representan " la actualidad".
Entre todas estas largas cadenas evolutivas, sabios estudiosos de todas las épocas, quemaron sus largas vigilias en aras del otro crecimiento evolutivo, el del "cuero cabelludo para adentro” buscando un equilibrio interno sólo permisible para aquellos seres que conviven en paz consigo mismo, y por consiguiente con sus semejantes.
Pero pareciera ser (y los reales sucesos lo confirman) que "allí adentro" aún estamos lejos de encontrar ese átomo, esa célula que nos clarifique el panorama y vivir equitativa, humana y serenamente este, nuestro pasaje planetario.
Millones de kilos de papel, de litros de tinta, de mensajes por Internet, de lo que esta tecnología moderna pueda informar se han consumido, y si nos detenemos a cotejar desde el remoto pasado hasta nuestros días, nos daremos cuenta que en ese sentido, muy poco henos avanzado a través de los ciclos. Como testimonio, una sola palabra alcanza y sobra holocausto.
¿Que significa este vocablo? Masacre, exterminio, matanza. ¿A usted le parece que hemos olvidado su sentido? ¿Usted puede asegurar que en la atmósfera mental del planeta donde conjugan todas las energías creativas de sus habitantes transformadas después en hechos, existe la antinomia, la contradicción a esta terrible definición? Creemos sinceramente que no, pues aún encontramos, sin explorar demasiado, que el peor de ellos (no es necesario nombrarlo), aún mantiene muchas mentes alertas y simpáticamente prontas a dinamizarlo. Y eso que perecieron millones de personas en condiciones horrorosas, otros millones mutilados físicamente y una gran parte de los que desarrollaron lo que quedó de sus vidas, destruidas moral y espiritualmente hasta que retornaron al incógnito e ignoto "más allá”. Y no bastó aquello como lección para atenuar horrorosas y letales consecuencias, pues más de medio siglo después, aún se sigue justificando la vigencia violenta y terrorífica de los responsables de aquella orgía de sangre y fuego.
Y entonces nos retrotraemos al título de la nota. ¿Valdrá la pena? ¿Tendrá asidero esta larga y milenaria lucha en busca de una elevación "del cuero cabelludo para adentro" donde el grueso de la humanidad dejó de padecer hambre de paz, libertad y justicia, y viva en concordancia y armonía con sus semejantes, aunque más no sea con su familia y comunidad más próxima, a fin de transformar en parte esta negra atmósfera etérica que hormiguea desde la envoltura estratosférica y transparentar de esa manera nuestras vidas con los dones de una equitativa convivencia universal?
Si desde "el cuero cabelludo para adentro" (lugar siempre abierto para recibir tanto el bien como el mal) nos ubicamos en la vereda de enfrente como gobernantes, dirigentes, guías o simples ciudadanos, intuimos que vale la pena quemar las naves de la desidia, purificar el odioso rencor que hoy nos envuelve por todas partes con sus dedos opresores y así poder tranquilizar nuestros pasajes terrenales. Sin duda que algo (o mucho) habremos avanzado, y la raza también nos lo agradecerá… Entonces ¡vale la pena!