Por Alicia Riberi. - La palabra mujer viene de la raíz hebrea Ishashah (mujer; varona) es la palabra femenina de Iysh (varón, hombre). Esta palabra significa semejante al varón, o sacada del varón.
Cuántas connotaciones distintas dieron por todo el mundo a esta palabra tan simple y que se puede rellenar con tantos sentimientos: amor, entendimiento, paciencia... y quizás cuántas más. La mujer fue creada para estar al lado del hombre, ni más arriba, ni más abajo, al lado. La mujer tiene derecho a crecer, a realizarse, a cumplir sus sueños y el hombre que está al lado de esa mujer, debe esmerarse por hacerlo él también, pero desde sus propios sentimientos. Es bueno que estén juntos, pero tan cierto es también que cumplimos roles distintos. En un hogar el hombre debe trabajar y tratar de que a su familia no le falte nada y no sólo eso, sino que debe ser el jefe, el timón de esa familia. Hoy la mujer debe ayudarlo -no compitiendo- sino conformando una sociedad muy compacta en la que se reflejan los hijos y eso no es poca cosa, ya que crecen como viven.
La mujer por propio instinto es como una loba con sus hijos ya que los escucha, los mima, los reprende, los acompaña, los apoya, los guía, simplemente los ama, con todo su corazón y eso no está mal, porque durante un largo trecho los hijos van aprendiendo lo que ven y haciéndolo carne y ese es hoy el problema, los niños y jóvenes, necesitan de esas madres lobas, agazapadas y expectantes, capaces de los mayores sacrificios.
Ahora me pregunto... porqué permitimos que la vorágine del tiempo nos robara por un momento todos esos calificativos, dejando muchas veces a nuestros hijos por realizaciones propias, que no están mal, pero deben tener un límite o bien saber cuándo es el momento en que no significará descuido, abandono en nuestro rol de mamás. Y no estoy hablando del trabajo, sino de que se perdió el placer por compartir cosas en el hogar entre todos: una película, un diálogo bochinchero en el que cada uno cuente lo que le pasó o simplemente un silencio cargado de ese olorcito a hogar. Cuando los hijos vienen preguntan y no encuentran respuesta, es cuando se van y quizás adónde las buscan... o cuando llegan tristes, llorosos y nadie lo advierte y los ahoga la pena y tienen que descargarla en cualquier cosa. No es porque seamos malos, sino porque se extraviaron los roles... el hombre que se cree más hombre afuera de su casa, disfrutando en luces efímeras, haciéndose el macho en cosas que lo hacen menos macho y no se da cuenta y la mujer que ya no se queda encerrada llorando, busca dolorida desquitarse saliendo, huyendo de ese silencio que la desespera y así es como el hogar que el hombre debe sostener, el hogar que la mujer debe cuidar como una loba, para que nadie destruya a su cría, se viene abajo y es ahí entonces cuando se perdió la autoridad y el hogar. Es mejor decir un no a tiempo como mamá, que llorar un sí toda la vida... Los niños y jóvenes de todas las épocas hicieron berrinche ante un no y no por eso se cambiaba el no por sí.
El mundo se viene abajo y no hacemos nada... que tiene que ver el hombre y la mujer en este tema? Todo... son los que habitan el mundo.
Hoy no todas las mujeres conciben el hogar de la misma manera y no las estoy juzgando ya que las prostitutas existen porque tienen quiénes las usan y las homosexuales existen porque lo eligieron y sienten placer por ser así y repito, no las juzgo y las respeto, pero la familia fue y será una, de una manera, no busquemos otras alternativas porque eso sí está mal.
En el mundo hay opciones y es ahí, en nuestras elecciones, como nos definimos como persona.
La mujer es el remanso, el huracán, el sol y la tormenta y madre, pero nunca debe olvidarse de ser mujer. Dios nos regaló el privilegio de ser mujer y para eso nos dio una imagen perfecta en donde espejarnos: María.
Es por eso que ser mujer es una responsabilidad y un placer.