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Una mujer que le canta a la libertad

Oriunda de Rafaela, la intérprete y compositora Natalia Simoncini recoge matices de la cultura latinoamericana; tradiciones, denuncias, ritmos y sonidos urbanos mezclados con el repertorio de nuestro país, adicionado con letras que reflejan un trabajo poético. Tras haber tocado más de catorce años en grupos, Natalia grabó su primer trabajo como solista y el sábado 10 de septiembre lo presenta en el Lasserre, en un show muy especial.

Antes de la presentación, LA OPINION dialogó con la artista que se vincula con la música desde muy joven: “Empecé a estudiar de muy chica, a los siete años estudiaba guitarra con Jorge Domenella, un guitarrista bárbaro. Pero como les pasa a otros músicos, siento que nací con el oído incorporado para la música; eso que algunos llaman don y que a mí me parece mucho título.

"Reconozco que tenía la capacidad de sacar de oído temas más rápido que lo que me proveía una partitura o un profesor; solía llegar a mi casa y tocar cosas de oído pero siempre pensé que si uno no estudia tiene una limitación, un techo. "Cuando estudiaba con Jorge era muy chica y me dispersaba bastante, después estudié en la Escuela de Música “Remo Pignoni”, y en la Vecchioli (por la ex Escuela de Comercio) conocí a Sergio Grazioli”.

Cuando Natalia menciona a Sergio se le ilumina el rostro: “en la vida uno tiene profesores que enseñan cosas y otros que despiertan pasiones, y Sergio me despertó la pasión por lo que quería cantar, porque orientó mi búsqueda acerca de ese repertorio de canciones diferentes: canciones para contar y no para entretener”.

En aquellos años de estudiantes, Natalia formó un grupo junto a Clementina Culzoni, Natalia Lemercier, Lucio Borgnia, Ariel Ferreira, Luis Castillo y Daniel Castillo, de la mano de su profesor. “Cuando cantábamos en festivales estudiantiles la gente no entendía cómo lo hacíamos tan bien; quizás cada uno traía algo y Sergio despertó la pasión. Actualmente cada uno de los que integrábamos ese grupo siguió en la música”.

Al hablar del género musical que interpreta y del proceso de composición de los temas, Natalia describe: “Me cuesta definir mi música como folclore, a veces siento que vivimos en una sociedad que pide rótulos, pero el arte es muy subjetivo y uno dentro de su subjetividad se da libertades”.

Entonces explica, “sabemos que hay gente que se muere de hambre en el mundo, pero los que podemos comer no comemos todos los días lo mismo ni vestimos todos los días igual ni leemos el mismo libro, así es la vida. Y si llevásemos la vida al contexto del arte, uno hace una traducción. Hay una evolución que es inevitable y sucede también en los géneros, uno va haciendo una trasformación y cada día es diferente”.

Acerca de los temas de los cuales habla en sus canciones comenta: “busco repertorios que sean diferentes, canciones que estén en un contexto de acciones sociales como los Derechos Humanos, la mirada o identidad de género, que son cosas que me movilizan como mujer más allá de lo artístico”.

En su primer disco como solista Natalia plasma canciones con la mirada en mujeres de quienes da a conocer la historia: Juana Azurduy, Violeta Parra, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y su coterránea Silvia Suppo. “Ha logrado encontrar un equilibrio sonoro con el aporte del Maestro Jaime Torres en charango y Claudio Tano Marciello, guitarrista de Almafuerte, en guitarra eléctrica y arreglos”.

Acerca del rol femenino, la joven explica: “el lugar de la mujer responde a una cuestión vital, porque hay una referencia muy fuerte al dar vida, al educar, que son cuestiones en las que la mujer pone el cuerpo más que el barón.

Uno ve que históricamente la mujer ocupó un rol secundario, pero yo siento que ahora estamos buscando el equilibrio. Y aunque respeto mucho a los grupos feministas, no comparto su postura a veces a la par de los machistas, porque uno puede hacer militancia pero sin confrontar. Es decir, creo que hay diversidad de pensamiento a la que me pliego desde el respeto”.

“Acordate siempre, sé libre”

“El tema del género me toca de cerca; de chica mi casa había sido muy matriarcal y de más grande me fui asociando a distintas agrupaciones como el Consejo Nacional de las Mujeres en Buenos Aires y ahora con las comunidades indígenas.

"Mi abuela y mi mamá si bien pertenecieron a generaciones diferentes cada una me enseñó a amar y sobre todo a ser libre. Y ahí entra el rol de mi viejo también, que cuando me veía con la guitarra me agarraba la cabeza y me preguntaba: '¿cata, qué estás tocando?' y me susurraba: 'vos acordate siempre, sé libre'”.

Al comienzo del la charla Natalia había comenzado a relatarme una experiencia reciente y maravillosa junto a comunidades indígenas mayas en Chipas, en México en el límite con Guatemala.

Asegura que esta experiencia se traducirá en canciones y destaca: “Es muy importante su sentido de la humanidad, cómo rescatan los valores humanos. Vivimos momentos únicos… Ellos dicen que el canto es un Don de Dios y por eso después de los show me pedían que tocase a sus niños; firmamos más de 150.000 remeras de chicos. Y también es muy curioso que la mujer indígena casi no hable debido al rol dominante del hombre.

"He vuelto con la sensación de haber estado en mi casa. Las comunidades indígenas son muy conservadoras en algunos aspectos, en sus modos, en sus lenguas, en sus ropas típicas, pero con nosotras han tendido una apertura maravillosa, aún siendo mujeres y habiendo llegado con un guitarra eléctrica. "Nos hicieron sentir grandes y valoradas, nos trajimos un material alucinante…. "Cuando uno ve los paisajes en México el primer impacto es su color y belleza. Y cuando uno conoce su cultura descubre que lo colorido es una cuestión de espíritu. Esos colores que vemos traducen lo de adentro”.

El 10 de septiembre Natalia Simoncini presentará en la sala del Teatro Lasserre su último trabajo discográfico, “Punto de Partida”. Acerca de lo que ocurrirá esa noche, la rafaelina anticipa: “va a ser una síntesis de esta mujer de 34 años. El nombre del CD tiene mucha connotación en relación a mi trabajo como solista; porque después de haber estado tocando 14 años con el grupo “Electro autóctonas” en Buenos Aires, retomo la solista de los 16, esa que cantaba con Clementina Culzoni y Natalia Lemercier”.

Y el título de su primer disco solista, “Punto de Partida”, tiene mucho que ver con Rafaela: “acá nace la mujer que canta, la mujer que vivió muchas situaciones de vida, de las más lindas a las más feas, y con todo va haciendo en la vida; con todo eso, es. Y esa mujer hoy puede contar y describir cosas que fue aprendiendo en el tiempo.

“Mi camino siempre transitó con el deber hacer en el arte. Porque siento que los artistas también somos comunicadores sociales y el arte es un gesto de belleza que entra subjetivamente. El lenguaje de la música particularmente entra por todos lados, une y cruza fronteras que naturalmente no existen".

Y en esta ciudad donde están sus raíces, también hay muchos amigos, y unos cuantos se harán presentes esa noche: Sergio Grazioli tocará la guitarra, Marina Destéfani, el saxo, Lucio Borgnia, el piano, la bailarina Leticia Beux, “traducirá con su cuerpo la música que hacemos”. “También se proyectarán audiovisuales producidos por Sofía Zaffetti y habrá un aporte de escenografía de la mano de familiares de desaparecidos de la Ex ESMA”.

A Natalia se la ve entusiasmada; quienes la hemos visto tocar alguna vez sabemos que esta mujer trasmite desde el escenario una energía muy especial, algo parecido tal vez a aquel espíritu colorido y vital que descubrió en su reciente viaje a Méjico.


Autor: Redacción

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