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Una despedida inesperada

Nos encontrábamos con Pucho circunstancialmente en un Banco, en el Correo, en una esquina, y tuviéramos que hacer o no, ahí nos quedábamos enredados en una charla con más risas que palabras sin medir el tiempo.

Había mucho de recuerdos en esos encuentros sorpresivos, y mucho también de inquietud. La pregunta que me hacía era por lo general ¿y ahora en qué están…?

Haber sido una vez compañeros de escena en el Lasserre había creado entre nosotros una amistad tierna que comparto también con Ana, su mujer. Era encontrarnos y empezar a pasar imágenes de momentos, algunos totalmente agitados, como aquel día que después de una cirugía, Pucho estaba en el escenario con el resto del grupo, y se le abre un punto. Y todos nos transformamos en agentes de emergencia con la inefable Olga a la cabeza abriendo paso a la atención urgente.

Tanta emoción, tanta vida nueva con esos niños que les había nacido a la familia Theler, habitando con nosotros el espacio a plena luz o en penumbras de la escena.

Su paso por aquí fue rápido. Casi un flash. Aunque suficiente para iluminarnos con alegría, que es la única manera que lo puedo recordar, hasta que volvamos a encontrarnos en una esquina quien sabe en qué desmesurada magnitud, y encenderemos entonces nuevamente la llama de la risa.

Autor: Teresita Tosco

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