Leí el artículo publicado en el Diario LA OPINION con el título “Reconocimiento español al trabajo de Zoonosis” el pasado 6 de setiembre. Me congratulo de pertenecer a una comunidad que se ocupa, desde sus autoridades hasta muchos particulares agrupados en alguna organización proteccionista o de manera absolutamente privada, en practicar el buen trato a los animales. Personalmente opino que es una muy buena iniciativa enviar a un agente a otros lugares para conocer otras realidades. En este caso fue España, de la que sigo opinando desde mi modesto punto de vista personal, que ostenta un sello desalentador ya que sostiene como orgullo y lujo de la estirpe hispánica las corridas de toros. Pero este es un tema de tratamiento totalmente aparte porque entre los defensores de esa tradición y los detractores suelen sostenerse argumentos de discusión muy ardua.
Por lo tanto, volviendo al artículo de referencia, opino además que con este viaje, a la vez de lograrse la difusión de un trabajo local bien realizado, se provoca un intercambio de experiencias y un aprendizaje, y no dudo que quien tuvo la responsabilidad de viajar se ha enriquecido y ha valorado su experiencia como un fortalecedor feedback.
El manejo de una superpoblación canina es una labor difícil, agotadora y necesariamente quienes la ejecutan tienen que estar preparados y conocer de qué modo optimizar el peso de la tarea diaria. El buen trato tanto para las personas como para los animales, sin arrogancia ni actitudes soberbias, sino valorando el trabajo que cada uno cumple es una palanca que anima a hacer las cosas cada vez mejor.
Confío que nadie más me comentará refiriéndose al Refugio Municipal: ¡Yo a mi hijo no lo traería aquí ni loco…! Sino que ese lugar sea un motivo de orgullo para los habitantes de mi ciudad, identificado con el escudo citadino y las banderas de la Provincia y la Nación al viento señalando un espacio de trabajo que como nos gusta a los rafaelinos, lo hacemos entre todos y lo hacemos bien.