Con los ojitos apretados de miedo y dolor, Bonzo llegó a la veterinaria.
Un tajo producto de algo muy punzante, como un cuchillo, le dejó grabada una herida en su lomo y en su alma.
Será porque ellos jamás tienen la intención de hacernos daño, tampoco de abandonarnos ni de traicionarnos, de sentir odio y resentimiento o de ser crueles y malvados… “Bonzo” lleva esa marca no como algo físico sino de desconcierto y tristeza ante algunos humanos.
Hoy una buena familia podrá demostrarle lo contrario, una vez más “darle otra oportunidad”... es lo único que necesita para volver a confiar.
Joven cachorrón, mediano, con compromiso de castración.
Llamar 423883 - Asociación Civil El Amparo.