Estamos viviendo en una Argentina transgresora, en la que trampear aparece como un medio normal para triunfar en la vida. El médico psiquiatra Eduardo J. Padilla hablaba de "La Argentina del foul", en una nota encabezada por ese mismo título.
Recurriendo a términos futbolísticos, recuerda que en sus orígenes, la expresión "foul play" significaba, literalmente, juego sucio, tramposo, asqueroso. Escribe después:
"Si aplicamos esta descripción no sólo a los deportes sino también a cualquier otra forma pacífica de interacción humana, nos puede resultar más clara la forma en que la violencia latente estalla cuando en los interjuegos cotidianos se violan las reglas. Es bueno tener presente lo cerca que estamos todos de convertirnos en el Caín del otro y lo fácil que resulta transformar el uso legítimo de la fuerza ( poder: aquello que nos permite hacer algo) en violencia; esto es, en el uso no ético de esa fuerza.
En nuestra niñez evitábamos jugar con ciertas personas. Es un 'faulero', se decía sin necesidad de mayores abundamientos.
Esta actitud de no querer relacionarse solucionaba el problema.
Pero ¿es posible retirarse dignamente hoy? En general, vamos observando que estamos cada vez más obligados a jugar con adversarios 'fauleros', y, lo que es más, no es raro que nuestros propios 'coequipers' se molesten si demandamos juego limpio.
Como patéticamente lo expresó un joven en una terapia familiar:
'Lo que les reprocho a mis padres es la educación que me dieron.Con eso de los valores no me educaron para saber hacer trampa, y el resultado es que soy un perdedor'...
Habrá que enseñar otra vez a cuidar la limpieza y claridad del juego, exponiendo y condenando moralmente a los que cultivan el estilo'faulero'. Un legado a la juventud debe ser que la única forma válida de triunfar es en el más profundo respeto de los valores espirituales de los jugadores; o sea , de nosotros mismos, hermanos humanos. De otro modo nos volveremos cada día más violentos. No queda otra alternativa que aprenderlo y enseñarlo como forma de vida desde el hogar mismo, que es al fin y al cabo de donde partimos...".