Ser pobre para nosotros es una desgracia, pero para el Padre, es la mejor manera de descubrirlo.
Nunca nos pusimos a pensar que muchos de nosotros, no teniendo tantas carencias económicas, vivimos quejándonos de todo lo que nos falta y no tenemos ni por un segundo la grandeza para ver todo lo que tenemos. Es que nos cuesta tanto vislumbrar el gran amor que Jesús nos tiene y no podemos comprender que nos pide que ayudemos a los que nos necesitan más allá de nuestra comodidades. Alguna vez nos pusimos a pensar que sería de nosotros si hubiésemos nacido en un hogar con todas esas carencias y no repitiendo un discurso lamentable, en el que expresamos que el que así vive es porque no tiene ambición. Somos tan hipócritas que viviendo entre la violencia, la indigencia, creemos que un niño puede tomar la decisión de ser diferente, de escapar, de encontrar un hada que los lleve a un mundo diferente. No!...nosotros tenemos que ir acompañándolos en este proceso de reconversión y tendremos adelantos y retrocesos y no deberemos bajar los brazos, aunque sea por uno que pueda convertirse.
Es difícil construir cuando todo intenta destruir, cuando mostramos un modelo diferente al que ven todos los días y no sólo depende de ellos cambiar, depende de que los dejen, de que no se caigan por tanto dolor, de que algún miembro de su familia abra los ojos del corazón y les facilite el avanzar en un camino diferente, que no será fácil, pero que sí les abrirá las puertas a otras posibilidades, que no serán simples, pero que con esfuerzo el destino les permitirá que descubran nuevas huellas.
Hay muchos pobres que no pueden curar sus enfermedades por no poseer recursos económicos y otros ricos que con tantos recursos no se pueden curar…qué ironía…es para pensar y darse cuenta que por más dinero y poder que tengamos Dios sigue a los pobres, a los que en la carencia de algo descubrieron su presencia sanadora.
Los más pobres son los pobres de espíritu, esos que juntan dinero y poder como si en ello les fuera la vida, esos que destruyen lo que los demás hacen, sin proponer nada mejor, o esos que por resentimiento viven haciendo tambalear lo que otros hacen sin preguntarse, cuánto les costó edificar un proyecto que involucre a todos y nos sólo a unos privilegiados.
Los pobres de bienes materiales y los pobres de espíritu merecen una oportunidad, como la merecemos todos, para redescubrir el camino hacia una vida que nos conduzca a ser parte de la comunidad, a compartir con otros, a comunicarnos con los demás en igualdad de oportunidades, que no deberían ser un simple discurso, sino una realidad que involucre a toda la humanidad.
Finalmente los que tienen poder usan a la pobreza para crecer, pero antes o después Dios hace relucir la verdad. El poder no dura para siempre, no compra la vida, ni la tranquilidad, ni el amor, ni la lealtad de los seguidores y aunque quieran privarnos de la libertad de elegir, podemos seguir, aunque pobres, teniendo la posibilidad de pensar y eso nadie lo puede evitar.
Los pobres más dignos de lástima son los pobres de alma, porque los pobres de recursos tratan de sobrevivir como pueden y a veces hacen cosas con las que no estamos de acuerdo, pero los grandes letrados del poder, cometen delitos más tristes, como si estuviesen vistiendo de rosa a toda una población, a la que en realidad están condenando a una vida sin expectativas.
Los pobres no son todos delincuentes sino personas que necesitan ayuda y de la mano de Jesús la van a encontrar más rápido…eso es seguro. A los poderosos que no encontraron el camino, búsquenlo, encuéntrenlo y no lo vuelvan a perder, no es una exigencia, es una invitación…