La equinoterapia es un tipo de terapia pseudocientífica que utiliza caballos como medio de transmisión, principalmente dirigida a niños con discapacidades motoras o mentales. Básicamente, consiste en aprovechar los principios terapéuticos del caballo para tratar a personas con discapacidades físicas, ya sean congénitas o adquiridas. Se basa en aspectos como la transmisión del calor corporal del cuerpo del caballo a la persona, la de impulsos rítmicos y el movimiento tridimensional. Las sesiones son dirigidas por un fisioterapeuta.
Si bien no existe base científica para el tratamiento del autismo, u otro tipo de discapacidad intelectual o enfermedades mentales, la equinoterapia incluye diversas técnicas orientadas al tratamiento de personas con discapacidad en las que el elemento central es el caballo.
Acerca de este tema, LA OPINION conversó con María Alicia Cavalié, miembro del equipo de “La Luciérnaga”, un Centro de Equinoterapia que realizó sus actividades en el Hipódromo de Rafaela, durante 2009 y 2010.
-¿Cómo definirían la equinoterapia? ¿Cuáles son sus beneficios?
La Equinoterapia o terapia ecuestre, es una forma integral y complementaria de rehabilitación, que utiliza al caballo, con sus movimientos naturales y su medio ambiente, como facilitador del proceso terapéutico. Los beneficios son físicos, psicológicos, educativos y sociales. Las actividades se realizan con el fin de trasladar lo aprendido a la vida cotidiana.
-¿Cuándo y por qué empezaste a estudiar esta técnica? ¿Qué es lo que había despertado tu interés?
El proyecto "La Luciérnaga” comenzó como una iniciativa de mi hija mayor en 2009, y más allá de la pasión que siempre sentí por los caballos, pasión que tiene toda mi familia, terminé enamorada de ellos, los ángeles - pacientes, que nos dan una lección de vida en cada clase.
En Argentina no hay una facultad donde se estudie equinoterapia; la práctica con los caballos se hace a lo largo de la vida por el contacto con ellos y con algún profesor de equitación.
En mi caso, mi formación fue a lo largo de 2 años con Liria, mi hija mayor que es amazona, veterinaria e hizo cursos de equinoterapia en Buenos Aires y Córdoba. Y en noviembre del año pasado hice un curso con Edith Gross, eminencia en esta terapia, con más de 40 años de experiencia, y 2 libros editados.
Es importante saber que un fisioterapeuta que no sabe nada de caballos, no puede hacer equinoterapia, y un eximio jinete o amazona que no esté en comunicación directa con un fisioterapeuta no puede hacer equinoterapia, además la equino no es solamente para pacientes con alguna disfunción motora, aquí se trata fundamentalmente de formar un equipo conformado por, la estrella, que es el caballo, un jinete o amazona experto que halla realizado curso de equino, y el equipo de salud del paciente - angelito, para abaratar costos.
- ¿Y cuál ha sido la experiencia en la ciudad?
“La Luciérnaga” comenzó como una iniciativa privada, y eso en Equinoterapia es muy difícil, ya que se necesita del apoyo de todas las instituciones, tanto públicas como privadas, para llevar un Centro adelante. La Equinoterapia tiene un fin social, como es la inclusión de los pacientes, que tienen derecho a disfrutar de esta actividad complementaria.
Durante los años que funcionó el centro, 2009 y 2010, he visto, no sólo yo, sino también los padres y los profesionales de la salud que asisten a nuestros ángeles - pacientes, mejoras, en lo físico, en lo psíquico, en sus conductas diarias, en su convivencia social.
La equinoterapia, no es una clase de equitación, es una terapia complementaria que ayuda y mejora la calidad de vida de los “ángeles - pacientes”.
- Teniendo en cuenta el fin social de esta terapia ¿cómo puede colaborar la comunidad en la formación integral de las personas que la practican?
Primero necesitaríamos que las instituciones tanto públicas como privadas nos brinden los recursos necesarios, un predio, el equipo humano, los caballos. Y la comunidad en general puede colaborar de muchas formas; por ejemplo, profesionales de la salud interesados en apoyarnos, voluntarios que conozcan la conducta de los caballos, o gente que con pequeños aportes mensuales de dinero, pueda colaborar.
Rafaela es una ciudad grande y generosa; el puntapié inicial deben darlo las instituciones porque hay muchas personas que están esperando la oportunidad de gozar de la equinoterapia.
Para darnos una idea de la amplitud de esta terapia complementaria es necesario destacar que no puede funcionar sola, es parte de un equipo interdisciplinario de salud; se necesitan médicos, kinesiólogos, sicólogos, fonoaudiólogos, terapistas ocupacionales, asistentes sociales. El equinoterapeuta debe trabajar en estricta relación con ellos, para que la actividad resulte positiva y eficiente.
ACTITUD ACTIVA
La equinoterapia supone una actitud activa del paciente, que deberá realizar movimientos para estirarse, relajarse, mejorar la coordinación y el equilibrio; y además, es asumida como una diversión, ya que se desarrolla al aire libre, pudiendo la persona disfrutar de cuanto le rodea.
Se recomienda a personas que puedan tener este tipo de enfermedades, entre otras: esclerosis múltiple, autismo, síndrome de down, espina bífida, traumas cerebrales, distrofia muscular, conductas caracteriales, enfermedades neurodegenerativas, enfermedades traumatológicas.
BENEFICIOS
En el área Psicológica - Cognitiva: mejorar la autoestima, mejorar el autocontrol de las emociones, mejorar la capacidad de atención, trabajar la memoria.
En el área de Comunicación y Lenguaje: mejorar y aumentar la comunicación gestual y oral, aumentar el vocabulario, construir frases correctamente, mejorar la articulación de las palabras.
En el área Psicomotora: mejorar el equilibrio, fortalecer la musculatura, mejorar la coordinación, los reflejos, la planificación motora, mejorar la capacidad de relajación de la musculatura, reducir patrones de movimiento anormales.
En el área de socialización: relacionarse con personas que no pertenecen a su entorno familiar o escolar; crear relaciones de amistad con los compañeros; desarrollar el respeto y el amor hacia los animales; aumentar el número de vivencias.