Cuando me contaron esta situación de emergencia creada en una esquina de mi ciudad, pensé en Jacinto Chiclana, sólo que no estamos en Balvanera, estamos en Rafaela, y en esa esquina no hubo cuchillo, ni hubo entrevero ni brillo.
En esa esquina hay un perro. Un perro solo, solo con su tristeza y su abandono. Los vecinos le acercan alimento y agua, y él se escapa, porque también tiene mucho miedo. Como buen perro que es, no habla. Tampoco ladra, él presiente que está en la clandestinidad y el silencio es su cómplice. Escondido en las sombras vive pidiendo en silencio un hogar pero con gente; esa especie que él ve pasar de largo sin oírlo.
Una vez, alguno de esos seres que van y vienen por su esquina lo tuvo en sus brazos y lo acarició. Así fue hasta que quién sabe por qué motivo, un buen día ese alguien le bajó la persiana del afecto. Entonces, abrumado por el desprecio, Jacinto tomó la calle y partió. Y allá está… Esperando…
Una tardecita un vecino lo oyó aullar suavecito. El hombre se alarmó y llamó a otro, todos perreros de ley, y lo observaron y lo acompañaron. Jacinto dejó de llorar. Había pedido compañía, nada más. Jacinto no merece pasar esta Navidad arrinconado con su pena en una esquina cualquiera.
Lo van a asustar mucho los estallidos de los cohetes, los petardos, las bombas de estruendo con que nos gusta celebrar pacíficamente el Nacimiento de aquel a quien Juan bautizó con el nombre de Jesús, y que no nos dimos cuenta de quién era.
Yo me permito pedir, si entre quienes están leyendo lo que cuento hay alguien que pueda hacerle un lugar en su casa a Jacinto, por favor hágalo saber a este número telefónico 425165. Un lugar pequeño, un galponcito, un lavadero en el patio, es lo que necesita Jacinto, porque es un perro que tiene una estructura esbelta, pero no es grande.
Tel. 425165, la persona que atienda le va a dar los datos para ubicar a Jacinto y salvarlo de la desolación en que está sumido. Gracias a ustedes por leer, y si pueden, participar y ampararlo… Gracias a Borges por la milonga.