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Solo le pedimos a Dios una cosa más...

Messi, la súper estrella del fútbol mundial, con la camiseta de la Selección argentina.
Crédito: AFA

Solo le pedimos a Dios que el tiempo se detenga un instante cada vez que Lionel Messi entra a una cancha con la camiseta de la Selección Argentina.

 

Que nunca llegue ese último silbato. Que nunca exista el partido final. Que siempre haya un Mundial más, una gambeta más, una asistencia imposible, un gol que vuelva a abrazar a millones de argentinos.

 

Porque Messi ya dejó de ser solamente un futbolista. Es un sentimiento que atraviesa generaciones. Es el chico que soñó en Rosario, el capitán que levantó todas las copas y el hombre que consiguió que un país entero volviera a creer.

 

Y como si el destino todavía guardara una página más para esta historia, el próximo miércoles aparecerá Inglaterra en el camino. Un rival cargado de memoria, de capítulos imborrables para el fútbol argentino, y también el único gran clásico mundial que Lionel Messi nunca había podido disputar con la camiseta de la Selección. A los 39 años, la historia vuelve a escribir un capítulo que parecía reservado para las leyendas.

 

Solo le pedimos a Dios que cada vez que Lionel Messi toque la pelota volvamos a sentir la misma emoción de siempre. Que nunca dejemos de valorar el privilegio de estar viviendo la historia en tiempo real. Porque muy pocos pueblos tuvieron la fortuna de ver a un futbolista así defender, durante tantos años, la camiseta de su Selección.

 

Quizás por eso el deseo sea todavía más profundo. Porque nadie quiere que este viaje termine justo ahora. Porque todavía queda una semifinal, porque todavía queda un sueño colectivo y porque, una vez más, millones de argentinos volverán a mirar hacia un mismo lugar, convencidos de que mientras Messi esté en la cancha, siempre habrá una razón para creer.

 

Y cuando algún día llegue el momento de decir adiós, que sea el fútbol el que le dé las gracias a él. Porque durante más de dos décadas hizo feliz a un país entero, transformó la ilusión en costumbre y convirtió cada partido de la Selección en una cita con la historia.

 

Mientras tanto, solo queda disfrutarlo. Porque los récords pasarán, las estadísticas cambiarán y las generaciones futuras leerán lo que hizo. Nosotros tuvimos la fortuna de vivirlo.

 

Solo le pedimos a Dios una cosa más: que el próximo partido vuelva a empezar con la pelota en los pies de Lionel Messi. (AFA)

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