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Si las raíces se pudren…

La reposición a cargo del director Claudio Tolcachir de la pieza clásica “Todos eran mis hijos”, del dramaturgo estadounidense Arthur Miller, suscita una profunda reflexión en los espectadores. Por un lado, acerca de la compleja relación entre padres e hijos, por otro, acerca de los valores humanos y el alcance de la moral, tantas veces corrompida por la ambición, la hipocresía, el engaño…

"Todos los padres han hecho cosas por sus hijos, aún las malas. Y todos los hijos tenemos relaciones complejas con nuestros padres. Por eso, todo lo que sucede en la obra es identificable para el espectador", había explicado Tolcachir sobre la obra que se presentó el domingo último por la noche en la sala del teatro Lasserre.

Y a pesar del paso del tiempo (el texto fue escrito en 1947, dos años después del final de la Segunda Guerra Mundial), Miller sigue actualizado en su crítica social porque los valores que se ponen en juicio son universales y porque las guerras continúan y continuarán mientras haya hombres que las planifiquen y ejecuten.

...el árbol inevitablemente se cae.

¿Por qué se muestran las víctimas de una guerra pero nunca a quienes se enriquecen con su dolor y con su sangre? “Todos eran mis hijos” es la historia de Joe Keller (Lito Cruz), un hábil y cruel empresario que se había enriquecido al ingresar en el negocio de la guerra vendiendo a la Fuerza Aérea de su país piezas defectuosas que provocaron la caída de veintiún aviones. Pese a su mafia, el empresario había quedado libre al responsabilizar injustamente a su socio y amigo. Y durante la guerra, Keller también había perdido un hijo piloto, mientras otro hijo (Esteban Meloni) sobrevive.

Kate, la madre de la familia (Ana María Picchio) desde el principio de la obra desmentía la muerte de su hijo desaparecido hace tres años; no podía aceptar esa muerte (o quizás, la causa y los responsables de la misma). Los Keller vivían “tranquilos” (aunque con mucha tierra escondida debajo de la alfombra), hasta la llegada a la casa de la ex novia del hijo piloto (Vanesa González), ahora enamorada del sobreviviente, y el hermano de esta (Federico D’ Elia), ambos hijos del socio que permanecía en prisión.

En su reposición Tolcachir logra crear un clima de tensión que circula durante toda la puesta, hasta que en el final estalla la tragedia cuando es descubierta una verdad, hasta entonces oculta. Porque si las raíces se pudren, el árbol inevitablemente se cae.

El hijo sobreviviente de la guerra interpretado por Esteban Meloni y la nuera, a cargo de Vanesa González, protagonizan las escenas más dramáticas de la obra, acompañados por un excelente papel de Federico D’Elia, que como hermano de la novia había llegado para descomponer la mentira. Con sus actuaciones, Meloni y González dejan en claro que son más que figuras de la tele o caras bonitas; sus personajes son creíbles y conmueven. Sin quitar brillo al resto del elenco, donde también se destacan los consagrados Lito Cruz y Ana María Picchio, y la joven Marina Bellati, con un estilo propio que la caracteriza.

Los diálogos están llevados con naturalidad, se respetan los nombres originales del texto de Miller (Joe, Kate, Chris) pero nunca suenan forzados. Sin necesidad de tener micrófonos, los actores logran elevar su voz por la sala del Lasserre.

La escenografía realista y sobria colabora para contar esta tragedia con tanto peso en sí misma: bastan un jardín por el que puedan transitar vecinos y amigos y una casa donde se desarrollan escenas que inquietan, el espacio doméstico sugiere eso que no se ve pero que ocurre y afecta.

El vestuario, el maquillaje y los peinados reproducen una época cooperando a la consecución de un momento histórico determinado: nos referimos a la posguerra, época donde pese a la explosión de la más cruel miseria humana, mucha gente quiso creer en un sueño prefabricado y vacío (el llamado “sueño americano”, también exportado a otras tierras, como también exportadas las armas y las guerras).


CON LOS OJOS

VENDADOS

A veces siento que mucha gente vive con los ojos vendados. No está mal divertirse, soñar, jugar… ¿pero cómo podemos desconocer que el mundo se cae a pedazos? Y la guerra no ocurre sólo en Oriente sino a pocas cuadras de nuestras casas o más cerca aún: la mafia de los medicamentos, la violencia de género, la inseguridad, el tráfico de armas… suceden, nos involucran a todos y nadie habla seriamente de ello. ¿La ambición mueve al mundo?

La gente pasa y pasa; y los hijos comen hamburguesas con gaseosas cola, mientras a uno, dos, o tres metros, otros niños se mueren de hambre, o tristeza,

o se drogan para sobrevivir. ¿Cuáles son las raíces que nos sostienen? ¿Cuáles son nuestros valores?


FICHA ARTISTICA

TECNICA

Dirección y adaptación: Claudio Tolcachir. Dramaturgia: Arthur Miller. Intérpretes: Lito Cruz, Esteban Meloni, Ana María Picchio, Vanesa González, Federico D’Elia, Diego Gentile, Adriana Ferrero, Antonio Ugo, Marina Bellati.

Autor: María Florencia Forni

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