En la víspera fue celebrada la fiesta patronal de San Cayetano en todo el país y en nuestra ciudad en la parroquia ubicada en el barrio Amancay que a lo largo del día fueron cientos las personas que concurrieron para rezar por paz, pan y trabajo, pero la cantidad fue menor a años anteriores por la lluvia.
En la oportunidad, fueron vendidos 50 kg de harina en la elaboración de tortas fritas, 65 pollos y la mayoría de las 900 docenas de pastelitos, sumado a las ventas de santería con dos stands, uno a cargo de los jóvenes. La recaudación será repartida entre las tres zonas pastorales para obras edilicias: San Cayetano (finalización del SUM y reformas menores), Perpetuo Socorro (culminar equipamiento del templo) y Santa Rita (desagües y arreglos de infraestructura), según informaron a este cronista de LA OPINION.
Fueron oficiadas cinco misas a cargo de Walter Perelló, Alejandro Mugna, Fernando Supertino, Gustavo Montini -previamente la procesión- y monseñor Carlos Franzini.
"Este hombre de Dios que supo encarnar cabalmente la Palabra que hoy hemos escuchado, que supo tener su corazón junto a su tesoro que era Dios, fue profundamente creyente, alimentarse de la eucaristía y servir a los hermanos", expresó sobre el santo italiano.
Y agregó: "El creyente reconoce en la palabra de Dios su norte, su luz, su vida, busca sólo en su Palabra respuesta a las grandes preguntas que todos nos hacemos, reconoce que necesita el pan de vida para alimentar su camino de fe y todo lo que recibe de Dios no es para guardarlo sino para compartirlo generosamente con el hermano, sobre todo el más pequeño, pobre y menos atractivo humanamente hablando. Esto fue Cayetano, un hombre de fe".
En otra parte de su homilía, el obispo diocesano señaló que "suele hablar de Cayetano como un hombre de la Providencia, aquel que confiaba plenamente en Dios y ponía todos los dones que tenía al servicio de Dios y los hermanos. Confiar en la Providencia no significa cruzarse los brazos y dejar que todo nos llueva del cielo sino como dicen los grandes santos vivir como si todo dependiera de nosotros sabiendo que todo depende de Dios. El que confía en la Providencia trabaja con profunda seriedad en su vida terrena, responsable de sus tareas, cumple con sus obligaciones, responde a lo que la sociedad y Dios esperan de él".