Hoy, como cada 23, se venera especialmente a San Pío de Pietrelcina, desde estas páginas, rescatamos algunos aspectos de su vida. En esta ocasión apelamos a su buen humor, texto extraído de "Florecillas de alegría" de Gerardo Di Flumeri .
"La argucia del Padre Pío formaba parte de su apostolado, que no conoció nunca interrupción y que a veces se sirvió justamente de ella para confundir un alma o para entrar mejor en el secreto de la conciencia.
"Todas las horas del día podían ser buenas y oportunas para pedir consejo al Padre y así a veces, durante las horas de reposo o la siesta, era consultado por sus Hermanos, enviados por algún penitente.
"Una vez se presentó al fraile portero una mujer, la cual, con una cierta insistencia logró convencerlo de que fuese a la celda del Padre Pío, para pedirle un consejo sobre su salud. El frailecito, sólo por acto de caridad fraterna trató de complacerla, yendo a llamar a la puerta de la celda del padre. Desde adentro, una voz respondió «¿Qué quieres? ¿No ves que estoy reposando?».
"Y el fraile portero dijo: «¡Padre Espiritual, una señora de Génova, muy enferma, quiere saber si debe continuar o si debe suspender el tratamiento de electroshock!»
"El Padre Pió minimizando la importancia de la respuesta, contestó: «¡Pero yo estoy reposando! Dile que lo suspenda, porque si ahora no es tonta, ¡después lo será de verdad»".