TOSTADO (Por padre Alberto Sanchís). -“¡Qué bueno y agradable es que los hermanos vivan unidos!... Allí el Señor da su bendición, la vida para siempre”. (Salmo 133)
Estando en camino de preparación para la Asamblea diocesana del 2021, hacemos memoria agradecida de nuestro andar como Pueblo de Dios en la diócesis de Rafaela, y la cuasi parroquia de Moisés Ville no puede dejar de reconocer la convivencia con nuestros hermanos mayores en la fe, como decía nuestro querido Papa San Juan Pablo II: los judíos. De hecho, se cuenta la anécdota de la existencia hace tiempo, en el pueblo, de un señor, judío de profesión zapatero, quien ya no vive, que había venido directamente de Polonia y había sido compañerito de primaria de ¡Karol Wojtyla!, del cual recibió una carta ¡siendo Papa! en contestación a una que le envió al poco tiempo de asumir como Sumo Pontífice.
Las buenas relaciones entre católicos y judíos en un pueblo fundado por emigrantes europeos de origen judío fueron creciendo a lo largo de la historia de Moisés Ville. Así como ese relato histórico que muestra que la amistad es más fuerte que cualquier diferencia religiosa, también está presente en la memoria de los moisesvillenses la cercanía del Padre Francisco Scotto también para con los hermanos judíos. Este sacerdote que venía desde Tacural se hacía tiempo para compartir con ellos, mostrando así que era posible vivir amistosamente.
Particularmente, como párroco durante siete años, he sentido una atracción hacia la comunidad israelita de Moisés Ville. Quiero destacar sobre todo que nuestra patrona es la “Virgen de la Merced”, María Santísima, quien nació en el seno del pueblo de Israel, por lo que considero que ella ha logrado y sigue forjando la unidad entre ambas comunidades religiosas. Si es verdad que varias calles del pueblo aluden a personajes famosos de la historia de Moisés Ville, también se dio el nombre de “Nuestra Señora de la Merced” a una calle, realzando la importancia de la Patrona para todo el pueblo.
El contacto con el cantor litúrgico, Luis Liebenbuk, no sólo participando en las celebraciones del Shabat en la Sinagoga, sino también en los actos cívicos, impartiendo ambos la bendición de Dios, y en la vida cotidiana, visitándonos mutuamente cada tanto, ha permitido que vayamos compartiendo nuestras creencias. El acercamiento hizo que surgiera una amistad que fue madurando con el correr de los años. Asimismo, el interés por aprender el idioma idish me llevó a conocer una querida Morá (maestra): Inés Epstein, quien se dedicó no sólo a enseñarme las primeras letras hebreas, sino sobre todo a gustar más de la cultura de Israel. Luego siguió acompañándome en este aprendizaje una nueva Morá: Ana Liebenbuk, con la cual hoy puedo seguir comunicado.
Con la periodista Marta Eidelman de Zinger, la comunicación informativa de nuestras actividades pastorales fue muy provechosa, y siempre hubo un interés de difundir la “buena noticia” de parte suya.
Los vecinos judíos siempre fueron cercanos, amables, y con ellos incluso compartimos celebraciones religiosas cristianas y judías: Año Nuevo, Pascua, Navidad, como así también en nuestra fiesta patronal, en la que todos los años se hacen presentes colaborando generosamente.
El diálogo interreligioso es un deber, no sólo como hombres y mujeres de fe, sino además como ciudadanos que estamos llamados convivir como hermanos, porque, según dice el Salmo: “allí manda Dios su bendición, la vida para siempre”. El saludo “¡Shalom!” no es un simple formalismo para quedar bien, sino ciertamente un deseo profundo del corazón de vivir en paz, buscando siempre el bien común, el bienestar de todos los que habitamos este hermoso pueblo pluricultural de Moisés Ville.
Dando gracias a Dios, Padre de todos, le pedimos que nos siga bendiciendo, para que nuestro ejemplo de convivencia sea un testimonio veraz.