IQUIQUE, 3 (AFP-NA). - Miles de personas
regresaban a sus casas en el norte de Chile este miércoles tras la
evacuación por la alerta de tsunami activada por un sismo de 8,2
grados que dejó seis muertos y daños menores pese a su potencia.
La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, quien viajó a las
regiones norteñas de Arica y Tarapacá, decretadas zona de
catástrofe, se reunió este miércoles con un comité de emergencia
para supervisar la situación y sobrevoló las zonas más afectadas.
A la luz del día, comenzó la revisión de los daños
estructurales en viviendas, escuelas y hospitales, con el objetivo
de garantizar la seguridad y recuperar cuanto antes la normalidad.
En Iquique, la ciudad más cercana al epicentro del sismo, y en
la aledaña Alto Hospicio, fallecieron por infarto y aplastamiento
una mujer y cinco hombres, uno de los cuales fue identificado como
ciudadano peruano.
Pese a que todavía no había disponible una estimación de los
daños causados por el sismo, la Oficina Nacional de Emergencias
situó en unas 2.500 las viviendas dañadas en Alto Hospicio, una
población con residencias más precarias que Iquique.
Al amanecer, el alerta de tsunami que mantuvo evacuadas a
972.000 personas a lo largo de unos 4.329 kilómetros de costa, fue
cancelada después de unas diez horas, y los vecinos volvieron a
sus casas.
"Se ha enfrentado de una manera ejemplar una tarea titánica",
dijo Bachelet, finalizada la evacuación.
"El terremoto fue terrible y seguimos esperando un
superterremoto", señaló por su parte a la AFP Jorge Reyes, un
consultor de una minera estadounidense residente en Arica.
Reyes destacó el civismo y la madurez de los chilenos para
hacer frente a los sismos. "Ya estamos acostumbrados a los
terremotos, de alguna manera tenemos una educación cívica y no nos
desesperamos".
MAS PREPARACION
Y MENOS DAÑOS
En Iquique, se veían este miércoles techos caídos, ventanales
quebrados, y estantes y mercancías en el suelo en los centros
comerciales, pero ningún edificio colapsado ni gran destrucción en
las calles.
La prioridad en estos momentos, según Bachelet, es garantizar
el acceso a agua y luz en las casas, servicios que iban
reponiéndose de forma progresiva durante el día, alcanzando casi
la normalidad.
La escasez de energía eléctrica y el temor de que ocurra un
nuevo terremoto habían desatado un frenesí entre los vecinos de
Arica, al norte, por obtener pilas, linternas y alimentos.
"No tengo luz en casa, tenía que viajar a Iquique y fue
imposible porque suspendieron los vuelos", dijo a la AFP Carla
Fernández, una químico-farmacéutica que esperaba su turno para
surtirse de vituallas.
Los supermercados abrieron durante la tarde y en las
gasolineras de Iquique se podían ver filas de personas con
garrafas para abastecerse de combustible, que era racionado a
compras de unos 20 dólares.
Al mediodía empezaron a reanudarse los vuelos hacia las tres
capitales del norte -Antofagasta, Iquique y Arica- que habían sido
cancelados durante la alerta de tsunami.
Sin embargo, las
carreteras para ingresar a Iquique se encontraban obstruidas por
derrumbes, y lucían grietas profundas.
Pese a que el tsunami que siguió al sismo fue de poca
intensidad, con un ingreso del mar de unos 200 metros en Iquique,
en el puerto de la ciudad hubo cerca de 80 embarcaciones dañadas,
hundidas y otras arrastradas por el mar hacia el continente.
Al ser uno de los países más sísmicos del mundo por encontrarse
al límite de una falla geológica, Chile cuenta con altos
estándares en construcción antisísmica, y entrena periódicamente a
su población con simulacros de evacuación, que en esta ocasión
funcionaron sin problemas.
El sismo ocurrió a las 20H46 (23H46 GMT) del martes, con un
epicentro en el mar a 89 km del suroeste de Cuya, y duró dos
minutos, estremeciendo las regiones chilenas de Arica, Iquique y
Antofagasta, a unos 1.800 km al norte de Santiago.
Alertas de tsunami fueron emitidas también la noche del martes
en Perú, Ecuador y Honduras.
Bachelet tomó inmediatamente esta vez la decisión de enviar a
las Fuerzas Armadas a la zona afectada para hacerse cargo del
orden y la seguridad, y evitar así posibles saqueos, como ocurrió
tras el terremoto y tsunami del 2010 en el centro sur del país,
que dejó más de 500 muertos y daños en infraestructura por unos
30.000 millones de dólares.