En la víspera se celebró en todo el mundo el miércoles de cenizas, que dio inicio así al tiempo litúrgico de Cuaresma, reforzando la práctica de la oración, del ayuno y de la limosna, para renovar la conversión a Jesús y al servicio de la realización del Reino de Dios que se inició en la historia y culminará en la Casa de Dios.
La misa de ayer a la mañana en la Catedral San Rafael fue presidida por el párroco Gustavo Zurbriggen. "Se invita a vivir prácticas de conversión: limosna, oración y ayuno. Tenemos que abrir nuestro corazón para disponer el don de la conversión y vivir la fiesta de la Pascua", destacó durante la homilía.
En la oración "tenemos que entrar en diálogo con el Señor a través de la palabra de Dios. Además, tenemos que privarnos de lo superfluo, lo que no es necesario para nuestra vida y nos permitirá transformar ese dinero en limosna con una ayuda material para los hermanos pobres", agregó Zurbriggen.
Como viene ocurriendo en los últimos años, en la Diócesis de Rafaela entre ayer y el fin de semana se entregaron alcancías de cartón en el marco del gesto solidario de Cuaresma. "Con el fruto de las privaciones y el ayuno podamos ayudar a nuestros hermanos, que se dividirá entre Cáritas parroquial y diocesana", destacó.
VERDADERO AYUNO
CIUDAD DEL VATICANO, 10 (ZENIT.org). - El Papa Benedicto XVI explicó ayer que el ayuno no es un fin en sí mismo, sino el “signo externo” de una “realidad interior”, que es el de saber “vivir del Evangelio”.
Benedicto XVI quiso dedicar su catequesis de ayer, Miércoles de Ceniza, a reflexionar sobre la Cuaresma y sobre las prácticas piadosas ligadas a ella, que son el ayuno, la oración y la limosna.
El ayuno “significa la abstinencia de la comida, pero comprende otras formas de privación en aras de una vida más sobria”.
Sin embargo, “todo esto no constituye todavía la realidad plena del ayuno: es el signo externo de una realidad interior, de nuestro compromiso, con la ayuda de Dios, de abstenernos del mal y de vivir el Evangelio”.
“No ayuna de verdad quien no sabe nutrirse de la Palabra de Dios”, afirmó el Papa. “El ayuno, en la tradición cristiana, está ligado estrechamente a la limosna”, afirmó el Papa
En este sentido, recordó con San Agustín que tanto el ayuno como la limosna son “las dos alas de la oración”, que le permiten alcanzar mayor impulso y llegar a Dios.
“La Iglesia sabe que, por nuestra debilidad, es muy fatigoso hacer silencio para ponerse delante de Dios, y tomar conciencia de nuestra condición de criaturas que dependen de Él y de pecadores necesitados de su amor”, subrayó el Papa.
Por esto, “en Cuaresma, nos invita a una oración más fiel e intensa y a una meditación prolongada sobre la Palabra de Dios”.
Pero ante todo, en línea con su Mensaje para la Cuaresma de este año, el Pontífice invitó a todos los fieles a “revivir” el propio bautismo, pues la Cuaresma, y especialmente en este ciclo litúrgico A, ha sido en la tradición de la Iglesia el itinerario que los catecúmenos debían recorrer antes de recibir el sacramento la noche de Pascua.
El Papa invitó a todos a vivir este “itinerario bautismal”, para “reavivar en nosotros este don y para hacer de modo que nuestra vida recupere las exigencias y los compromisos de este Sacramento, que está en la base de nuestra vida cristiana”.
“Desde siempre, la Iglesia asocia la Vigilia Pascual a la celebración del Bautismo, paso a paso: en él se realiza ese gran misterio por el que el hombre, muerto al pecado, es hecho partícipe de la vida nueva en Cristo Resucitado y recibe el Espíritu de Dios”.
Las lecturas de los próximos domingos, explicó el Pontífice, “se toman precisamente de la tradición antigua, que acompañaba al catecúmeno en el descubrimiento del Bautismo: son el gran anuncio de lo que Dios obra en este Sacramento, una estupenda catequesis bautismal dirigida a cada uno de nosotros”.
El Papa fue desgranando uno por uno el significado de los evangelios de cada uno de los cinco domingos próximos, explicando también cuáles eran los pasos (escrutinios, adhesión al Credo, iniciación a la oración cristiana) que el catecúmeno debía seguir durante este itinerario.
Exhortó a los fieles a estar “atentos a acoger la invitación de Cristo a seguirlo de un modo más decidido y coherente, renovando la gracia y los compromisos de nuestro Bautismo, para abandonar el hombre viejo que está en nosotros y revestirnos de Cristo”.
La Cuaresma, añadió por último, “es un camino, es acompañar a Jesús que sube a Jerusalén, lugar del cumplimiento de su misterio de pasión, muerte y resurrección”.
Así, explicó, “nos recuerda que la vida cristiana es un “camino” que recorrer, que consiste no tanto en una ley que observar, sino la persona misma de Cristo, a la que hay que encontrar, acoger, seguir”.
“Es sobre todo en la Liturgia, en la participación en los santos misterios, donde somos llevados a recorrer este camino con el Señor; es un ponernos a la escuela de Jesús, recorrer los acontecimientos que nos ha traído la salvación”.
Pero esta vivencia no es “una simple conmemoración, un recuerdo de hechos pasados”, sino que “en las acciones litúrgicas, Cristo se hace presente a través de la obra del Espíritu Santo, esos acontecimientos salvíficos se vuelven actuales”.
Participar en la Liturgia, concluyó, significa “sumergir la propia vida en el misterio de Cristo, en su presencia permanente, recorrer un camino en el que entramos en su muerte y resurrección para tener la vida”.