Como ocurre llegada cada Semana Santa en la Iglesia Católica, se celebra la Misa Crismal, que es presidida por el Obispo diocesano y concelebrada con el Presbiterio diocesano.
Si bien habitualmente esta Misa tiene lugar los Jueves Santo, en nuestra Diócesis de Rafaela debido a las extensas distancias geográficas que comprende y que los sacerdotes deben viajar para llegar a la Catedral de Rafaela, por cuestiones prácticas se celebra una semana antes.
Es que en una Diócesis como la nuestra, que abarca tres departamentos y llega hasta el límite con las provincias de Chaco y Santiago del Estero al norte y al oeste, los presbíteros deben permanecer en sus parroquias los Jueves Santo y no pueden viajar grandes distancias.
Otra particularidad que tiene que ver con esta Misa es que debido a sus características siempre tiene que ser presidida por un Obispo y como en Rafaela la sede episcopal está vacante, en esta oportunidad fue presidida por el arzobispo emérito de Paraná, Mons. Mario Luis Bautista Maulión.
MISA CRISMAL
Como se decía, la llamada Misa crismal es presidida por el Obispo diocesano y concelebrada por la totalidad de su presbiterio.
En ella se consagra el Santo Crisma y se bendicen los demás óleos, que se emplearán en la administración de los principales sacramentos, durante todo el año siguiente, hasta la próxima Semana Santa.
Junto con ello, los sacerdotes renuevan las promesas realizadas el día de su ordenación. Es una manifestación de la comunión existente entre el obispo y sus presbíteros en el sacerdocio y ministerio de Cristo. Es recomendable litúrgicamente y es de práctica común celebrarla en la Catedral de cada diócesis.
El Crisma se usa en la administración de los sacramentos del bautismo, la confirmación y las órdenes sagradas, en la consagración de iglesias, cálices, patenas, altares y piedras de altar, y en la bendición solemne de las campanas y del agua bautismal.
Se ungen con el crisma la cabeza del recién bautizado, la frente de la persona confirmada, la cabeza y las manos de un obispo en su consagración y las manos de un sacerdote en su ordenación. Así también las paredes de las iglesias, que son solemnemente consagradas, son ungidas con el mismo aceite santo, y las partes de los vasos sagrados utilizados en la Misa que entran en contacto con las sagradas especies, como la patena y el cáliz.
¿QUE ES EL
CRISMA?
Se llama Crisma a la mezcla de aceite de oliva y bálsamo, bendecida por un obispo de una manera especial -en la Misa Crismal- y la cual se utiliza en la administración de los sacramentos y funciones eclesiásticas mencionadas.
Para que el Crisma pueda servir como materia válida para el sacramento de la Confirmación debe consistir en aceite puro de oliva, y debe ser bendecido por un obispo, o un sacerdote delegado por la Santa Sede. Estas dos condiciones son necesarias para su validez; además es probable que deba haber una mezcla de bálsamo, y que la bendición del crisma deba ser especial, en el sentido de que debe ser diferente de la que se le da al aceite para los enfermos o al aceite de los catecúmenos.
El hecho de que sea necesaria la bendición del Obispo para consagrar el Crisma tiene mucha antigüedad: esto es ampliamente reconocido en todos los escritos de los primeros siglos del cristianismo, por los primeros Concilios -como el Segundo Concilio de Cartago del año 390, y el Tercer Concilio de Braga, del año 572-, por Constituciones Apostólicas, y por todos los teólogos modernos.
Si se pregunta por qué el Crisma ha sido introducido así en las funciones de la liturgia de la Iglesia, la razón se encuentra en su aptitud especial para este fin por razón de su significado simbólico. Pues el aceite de oliva, siendo por su propia naturaleza rico, difusivo y durable, es apto para representar la efusión abundante de la gracia sacramental, mientras que el bálsamo, que le da los olores más agradables y perfumados, tipifica la dulzura innata de la virtud cristiana y preserva de la corrupción.
Así, la unción con el Crisma significa idóneamente la plenitud de la gracia y la fortaleza espiritual por las cuales somos capaces de resistir el mal y producir flores de virtud: «Pues nosotros somos para Dios el buen olor de Cristo…» dice San Pablo en la segunda Carta a los Corintios.
MENSAJE DE
MONS. MAULION
Después de la palabra, Maulión expresó sobre la misa Crismal: "hoy es la unción del Espíritu Santo. Son términos que con frecuencia lo escuchamos en la Iglesia, o en los ámbitos religiosos. Pero, ¿qué es la unción? La unción, para no decirlo con términos no tan técnicos, es como empapar en aceite a una persona. No en el sentido de ensuciarlo, sino rociarlo. Porque el aceite va a simbolizar lo que es E.S. El aceite, donde penetra, cambia. A la comida la hace más sabrosa, a la piel y a la carne la suaviza. El aceite agiliza y permite una actividad buena, normal y fuerte. Es lo que pasa con el aceite en nuestra vida es un símbolo de lo que es el espíritu. Por eso estamos diciendo que somos ungidos, empapados, por el espíritu. Y de esa manera, como hablamos del aceite, el Espíritu de Jesús nos hace saborear el bien", dijo.