Durante la Segunda Guerra Mundial dos bombas atómicas fueron lanzadas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.
Los bombardeos atómicos fueron ataques nucleares ordenados por Harry Truman, presidente de los Estados Unidos, contra Japón.
En medio del horror -220 mil muertos- ocurrió un hecho desconocido ante los ojos del mundo: una pequeña comunidad de padres jesuitas en Hiroshima vivía cerca de la iglesia parroquial, a solamente ocho cuadras del epicentro del estallido de la bomba. A pesar de que esta ciudad fue destruida por la bomba atómica -y toda persona dentro de un radio de 1,5 km falleció- los ocho miembros de la pequeña comunidad jesuita resultaron ilesos. En efecto, una de las armas más poderosas del planeta no destruyó la casa de los jesuitas y milagrosamente esta quedó en pie.
UN TESTIGO VIVO
El padre Hubert Schiffer fue uno de los jesuitas que se encontraba en esa casa en Hiroshima. Tenía 30 años cuando explotó la bomba atómica en esa ciudad y vivió otros 33 años más de buena salud. El sacerdote narró su experiencia durante el Congreso Eucarístico que se llevó a cabo en Filadelfia (EE.UU.) en 1976. En ese entonces, los ocho miembros de la comunidad jesuita estaban todavía vivos. El sacerdote nació en Alemania en 1915. En el día de la fiesta de la Transfiguración, 6 de agosto 1945, Schiffer ofreció el santo sacrificio de la misa en la iglesia Nuestra Señora de la Asunción. Luego se dirigió hacia la cocina de la casa parroquial, que estaba al lado de la iglesia. Se sentó a la mesa para desayunar. Cuando estaba cortando un pomelo, vio un destello de luz brillante.
Su primer pensamiento fue que se trataba de una explosión en el puerto. "Una fuerza invisible me levantó de la silla, me arrojó por el aire, me sacudió, y me hizo dar vueltas y vueltas como una hoja en una ráfaga de viento de otoño", relató el sacerdote. Cuando el clérigo abrió los ojos, se encontró tirado en el piso. Miró a su alrededor y no había nada en ninguna dirección. La estación del ferrocarril y los edificios en todas las direcciones habían desaparecido.
El único daño físico que sufrió eran unas piezas de vidrio que lastimaron la parte posterior de su cuello.
EL DESCONCIERTO
DE LOS MEDICOS
El estallido dejó un saldo devastador: miles de japoneses presentaban ampollas y llagas a causa de la radiación. Ante el asombro de los médicos estadounidenses que llegaron al lugar, el cuerpo del padre Schiffer no contenía ninguna radiación o efectos de la bomba atómica. A raíz de esto, el sacerdote fue examinado e interrogado por más de 200 científicos que fueron incapaces de explicar cómo él y sus compañeros habían sobrevivido en medio de miles de muertos.
El clérigo atribuyó este suceso extraordinario a la protección de la Virgen María: "Yo estaba en medio de la explosión atómica... y estoy aquí todavía, vivo y a salvo".
EL SECRETO
Cientos de expertos e investigadores estudiaron las razones científicas de por qué la casa tan cerca de la explosión atómica no fue afectada. El sacerdote con unas pocas palabras pudo descifrar finalmente el misterio: "En esa casa el santo rosario era rezado por todos cada día".
EL CONFLICTO
Los ataques atómicos que se efectuaron el 6 y el 9 de agosto de 1945 pusieron el punto final a la Segunda Guerra Mundial. Después de seis meses de intenso bombardeo de otras 67 ciudades, el arma nuclear fue soltada sobre Hiroshima el 6 de agosto seguida por la detonación de la bomba "Fat man", el 9 de agosto sobre Nagasaki. Hasta la fecha estos bombardeos constituyen los únicos ataques nucleares de la historia. Se estima que hacia finales de 1945, las bombas habían matado a 140 mil personas en Hiroshima y 80 mil en Nagasaki, aunque sólo la mitad había fallecido los días de los bombardeos. Entre las víctima del 15 al 20% murieron por lesiones o enfermedades atribuidas; envenenamiento por radiación. Seis días después de la detonación sobre Nagasaki, el 15 de agosto, Japón anunció su rendición incondicional frente a los Aliados, haciéndose formal el 2 de septiembre con la firma del acta de capitulación. Con la rendición de Japón concluyó la Guerra del Pacífico y por tanto la Segunda Guerra Mundial.
Fuente: www.corazones.org en el semanario Cristo hoy, 29/3 al 4/4 de 2012.