En este espacio quincenal el Centro de día La Huella tiene como objetivo acercarles diferentes obras artísticas que actúen como disparadores para seguir pensando y repensándonos como sociedad en torno a la temática de la discapacidad.
En esta oportunidad les acercamos una película italiana titulada Rojo como el cielo.
La historia de esta película está basada en la vida real de Mirco Mencacci, uno de los editores de sonido en cine más reconocidos de Italia. Al igual que el protagonista del filme, Mirco presenta una ceguera producto de un accidente con un rifle y tuvo que atravesar en su vida muchas de las circunstancias mostradas en la película. Gracias a la lucha contra la adversidad logró convertirse en ingeniero en sonido y en el año 1999 fundó su propia empresa de post-producción.
De acuerdo a la historia ficcional, Mirco, el protagonista, es etiquetado como discapacitado luego de su accidente que le produce una ceguera y por esta razón es apartado del sistema escolar regular al cual asistía. De acuerdo a las leyes de la época (1970) la única solución que planteaba el sistema para su educación era la asistencia a un internado, con niños con ceguera, los cuales recibían clases especialmente pensadas para su condición y los formaban en uno o dos oficios. Se consideraba que sólo podían ser útiles como operadores de teléfonos o tejedores. Se los apartaba de su familia y la escuela tenía una fuerte impronta religiosa.
El director de la película nos muestra desde una mirada crítica cómo las mejores experiencias de estos niños pasaban por actividades extra curriculares, es decir, las que quedaban por fuera de la escuela. Nos muestra a niños llenos de vida y creatividad, obligados a participar de actividades totalmente por fuera de sus intereses. Se observa lo negativo de su exclusión, la necesidad de participar de entornos de la comunidad, compartir con niños de su edad que tenga la capacidad de ver y el positivo intercambio que se produce cuando se ponen en juego valores como la solidaridad.
Claramente se deja ver que la discapacidad de Mirco es una condición de vida y no una fatalidad y que las adecuadas experiencias escolares, ancladas en el contexto y acordes a sus inquietudes, son las que le permitirán descubrir su verdadera vocación.