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Reyes Magos

"Por los caminos del cielo,/ cumpliendo con su misión,/ vienen los Reyes trayendo/ su cargamento de amor./ Para los chicos juguetes, /y a los grandes, ilusión./ Unos ponen los zapatos;/ los otros, el corazón".

Algún inspirado anónimo escribió estos versos, resumiendo en pocas palabras buena parte de la verdad. Tal vez ayude a completarlas esta página breve de la amorosa Cora Cañé:

"Melchor, Gaspar y Baltasar, los bíblicos personajes, volverán otra vez a recorrer los caminos del cielo, puntuales y generosos. Acaso los llene de tristeza advertir que ya casi no existen en nuestro planeta las antiguas inocencias, los traslúcidos fervores de tiempos donde la espiritualidad y el romanticismo regían la vida apacible de los pueblos.

El ser humano ha crecido en progreso, en civilización, creando y recreando las formas de su existencia. Ya nada parece imposible para su inteligencia, aplicada al desarrollo de los cientificismos y tecnologías más sofisticadas. Las clásicas costumbres, los conceptos sobre sistemas tradicionales de conducta han sufrido revolucionarias transformaciones. Rígidas metodologías, en los diversos campos del análisis, señalan qué es lo que conviene o no a la superación materialista de la existencia.

Los tres Reyes Magos no se dan por vencidos. Saben que siempre habrá en el corazón de los niños y en el 'golpe de la ternura' que sorprenda a los adultos escépticos, la necesidad de creer. Por eso descenderán otra vez desde el cielo, con su magia y su misterio, para que no perdamos la ilusión".

¿Me permite reproducir un texto del siglo V? Pertenece al obispo de Ravenna san Pedro Crisólogo: "Hoy los magos revuelven en su mente con profundo estupor lo que allí han visto: el cielo en la tierra, la tierra en el cielo, el hombre en Dios, Dios en el hombre, y a aquel que puede contener el universo, encerrado en un pequeño cuerpito. Y, al verlo, lo aceptan sin discusión, como lo demuestran sus dones simbólicos: el incienso, con el que profesan su divinidad; el oro, expresión de la fe en su realeza; la mirra, como signo de su condición mortal".

Admiremos su conducta. Sigamos su ejemplo.

Autor: Redacción

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