Si el amor comienza por casa, una forma del amor es el respeto: por eso debe comenzar por casa.Y la primera casa es uno mismo: hay que aprender a respetarse para merecer el respeto de los otros. Respetarse uno mismo exige sobre todo hacerse digno del propio respeto, con una conducta coherente con los mejores principios.
Pero el respeto comienza por casa. No debe terminar allí, porque sería olvidar que, como el amor, el respeto tiene que abrirse, como una flor, a los demás. "Sólo quien cultiva el respeto sincero por el propio semejante puede abrirse a él en un diálogo fructuoso y constructivo", decía Juan Pablo II. Porque dialogar presupone valorar, y sólo quien sabe valorar a una persona aprende también a respetarla.
Amílcar Fahrni, en una excelente nota ("El respeto se aprende en familia"), destaca precisamente la relación entre el respeto y la conciencia de dignidad que se tiene de los otros:
"El respeto al otro es fruto de una seria concientización: reflexionar sobre la condición humana, reconocer la dignidad básica de todo hombre, acoger su originalidad y mantenerse atento para no atropellarla en el pensamiento, la palabra, la acción o la omisión. Es una actitud mental, que se ha de ejercer para aprender internamente con benevolencia de pensamiento frente a la conducta de los otros. Antes de reformar a los hombres- cuando más condenarlos, hay que saber entenderlos. Sólo este gusto por el hombre empapa de una incipiente simpatía todo juego relacional propio de la de la gente es en el convivencia humana".
Decíamos que el respeto comienza por casa. Curiosamente, el lugar donde menos suele respetarse a la gente es en el propio hogar. Hay honrosas excepciones, por supuesto; pero quizá cada miembro de la familia debiera preguntarse qué grado de respeto se cultiva puertas adentro: entre esposos, entre padres e hijos, entre hermanos...
El respeto permite que germinen los mejores sentimientos. De uno hacia los demás. Y viceversa. Vale también aquí lo escrito en el cartel de un prado que acababan de sembrar: "La hierba no crecerá bajo tus pies"...