En el marco del Presupuesto Ciudadano de Gestión Participativa, el domingo último se realizó en el Centro Cultural Municipal sala Sociedad Italiana, la obra “La Huella de tu Abrazo”, un trabajo que propuso un acercamiento singular al universo del tango. Con excelente marco de público y un clima muy especial de calidez e intimidad, la obra cautivó a los espectadores que se acercaron a recorrerla y a transitar por sus diferentes espacios. “La Huella de tu Abrazo” es una instalación performática interactiva creada y dirigida por Andrea Uchitel, que funciona como una invitación a revelar el rastro que deja el abrazo, involucrando el cuerpo y los sentidos, revelando la materia invisible que se pone en juego entre las personas cuando entran en contacto mediante el abrazo. De este modo, en una propuesta innovadora que se llevó a cabo en un itinerario especialmente diseñado dentro del Centro Cultural Municipal, utilizando el escenario principal, la sala Sociedad Italiana, el hall de entrada, la sala Operto y la sala Mario Vecchioli, diferentes estrategias y recursos fueron puestos a disposición del espectador-interactor en un recorrido que lo invitó a participar con su abrazo, a develar su remanencia, su resonancia en el cuerpo, su color, su gesto.
“La Huella de tu Abrazo” consiste de varias secciones definidas. En el prólogo de apertura, realizado en un rincón de la sala Sociedad Italiana, un hombre y una mujer sostuvieron una exquisita conversación acerca de La Huella de tu Abrazo. La mujer hablaba con palabras y poesía, el hombre, con los sonidos sutiles de su guitarra, y entre los dos dieron lugar a la intervención de un equipo de bailarines-abrazadores. Luego, en la sala Operto, hubo una zona denominada Remanencia – Huella en procesamiento digital, cuyo sentido era visualizar digitalmente el contacto del abrazo, y al terminar, configurar su huella, su forma de remanencia. Los espectadores eran invitados a abrazar un torso semitransparente, en cuyo interior una cámara registraba los diferentes tipos de abrazos y luego la información se traducía digitalmente sobre una enorme pantalla. La situación ambiental (imagen y sonido) iba evolucionando de acuerdo a la manera en que se desarmaban los abrazos. Estos cambios también eran percibidos por los espectadores no interactores, que devenían así en testigos de una obra que se iba reconstruyendo con cada abrazo. Por otro lado, la Huella en movimiento, eran encuentros en abrazos tangueros donde un bailarín revelaba en movimiento la resonancia del abrazo del espectador. La consigna era simple y a la vez potente: construir un abrazo tanguero con un bailarín o bailarina. El abrazo funcionaba como estímulo kinético y el cuerpo del bailarín como un resonador muscular de la experiencia recién compartida, que se traducía en una improvisación. En cuarto lugar, el hall de entrada contenía a las Huellas permanentes, una propuesta que incluía a las artes plásticas ya que los espectadores eran invitados a elegir un color con el cual pintarse el antebrazo o las manos, para luego plasmar, sobre maniquíes blancos, sus propias huellas según los distintos tipos de abrazos. Así el público iba dejando, a medida que transitaba por este espacio, sus huellas de manera permanente, transformando cada torso con un fuerte efecto visual que resignificaba el conjunto del espacio. Finalmente, en la sala Mario Vecchioli se exhibían distintos videos sobre la historia de esta obra, según los diferentes espacios por los que fue transitando desde su estreno.
En lo que fue un cierre ideal para el evento, la Orquesta Municipal de Tango brindó un excelso recital en el que repasó varios clásicos del género. Acompañada por la cantante Andrea Steimberger, se dispuso en la sala Sociedad Italiana un espacio para la milonga, que fue muy bien aprovechado por los bailarines de la obra y también por varios rafaelinos que disfrutaron de un momento a puro tango y milonga.