Es necesario recordar. Recordar y decirlo, contarlo, compartirlo. Contarle a otros los recuerdos que uno atesora y que lo hacen feliz y le permiten seguir andando.
Esta simple pero sentida nota, fue construida con anécdotas y palabras de todos los que formamos La Huella en homenaje a nuestro amigo Luis María Bonvín.
Porque está presente cada día y porque como decíamos en el título vamos a recordarlo siempre, pasando por nuestro corazón.
SU INGRESO A LA
HUELLA: TRIUNFAL
No muy convencido y con algunas condiciones, «Lucho» llegó por primera vez al Centro de Día con sus papás. Y lo que él no sabía es que lo esperaba algo que él jamás hubiese imaginado.
Todos los concurrentes y el personal estaban en el SUM esperando como quien espera a una súper estrella, en una presentación que, luego de algunos momentos de delirio y complicidad, terminaba diciendo: “… prepárense para conocer a una de las personas más maravillosas, más bellas del mundo, qué digo del mundo, del universo, prepárense para conocer a Luis… cuando él nació el universo entero dio un salto… ¡Estalló! ¡Y lo consagró desde ese momento como una de sus estrellas preferidas! Señoras y señores con ustedes: Lucho Bonvín!!!”.
Y todo fue un gran aplauso que no se apagó nunca.
Porque Lucho desarrolló su capacidad de artista al máximo, dando de sí una energía que muy pocos tienen.
Apoyado por su gran aliado en esto de las tarimas, César, y acompañado siempre por sus amigos de La Huella, profesionales y su familia, actuó en La Máscara, el Centro Cultural, el Teatro Lasserre, el Centro Cultural de Pilar, el Instituto del Profesorado, el Centro Cultural Estación Esperanza, Apadir, entre otros escenarios.
Participó de cada una de las puestas en escena del taller de teatro siempre preocupado por su lugar y su rol, nunca quiso ser menos que nadie, sabiendo de sus posibilidades y dificultades aceptó cada desafío planteado, cada locura compartida con una sonrisa.
Quien haya estado la noche del 17 de setiembre de 2012 en el Lasserre, en la obra que dio cierre a la Semana de La Huella seguro, seguro, recuerda el momento más especial: su casamiento sobre el escenario.
En ese camino, nacieron «Lucho y Yoyo», dos payasos que mediante trucos y absurdos hicieron reír a públicos de diferentes edades y en diferentes instituciones.
Y además de su faz actoral, Lucho se destacaba entre sus compañeros por ser un gran jugador de dominó y truco y se las ingeniaba de todas las maneras posibles para ganar (aunque algunos rivales que han perdido ante su astucia, aseguran hacía trampa).
Con Claudio y Silvia peleaba por ganar, quería ganar siempre (o hacer enojar a sus compañeros cuando les ganaba). Y se enojaba hasta con la computadora cuando perdía algún partido virtual.
Marisel lo adoraba, Rubén era el primero en ofrecerse a llevarlo cuando nos cambiábamos de sala. A pesar de viejas rivalidades que cuentan por carreras de sillas de ruedas, Franco lo quería muchísimo y lo recuerda diciendo que "era hermoso, vamos Lucho querido".
Miradas cómplices con los orientadores: él siempre estaba atento y al tanto de todo. Y con una sonrisa maravillosa que te contagiaba luz y ganas.
POESIA
Como parte de un trabajo y un proceso necesario en momentos como estos, los profesionales de La Huella trabajamos con cada concurrente para asumir y expresar lo que significa su partida.
De allí surge esta poesía con palabras propias de sus compañeros.
“Celestial, angelical.../ Compadrón, comarcaba todo el Centro de Día./
Era el dueño de todo el cariño de todos los chicos./ Bueno, de mirada afable.
Una amistad duradera, mutua, perseverante./ Hermoso Lucho Bonvín./ De mirada dulce, con dulzura tierna/ y travesía de ternura./ Una luz que vemos todos los días y nos acompaña”.