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Recordando al "Señor del Tango"

¡Al Colón! ¡Al Colón! voceaba el pueblo disarliano cuando en el año 1956 se inauguró el ciclo "El tango nació varón", que escuchábamos por Radio El Mundo desde las 12:30 hasta las 13:30 (horario inusual) que había llevado a muchas familias -incluída la nuestra- a demorar el almuerzo.
Había retornado el Maestro, con una orquesta que integraban cinco bandoneones (que en 1958 mantuvieron el número), siete violines (que ese mismo año subió a ocho), piano y contrabajo.
Conciertos de tango que permitieron decir a Leopoldo Federico (integrante de la orquesta) "yo nunca escuché una cosa igual en cuanto a la sonoridad de las cuerdas...", y a Emilio Balcarce (Director de la Orquesta Escuela de Tango), "...puedo aproximarme a Di Sarli, pero para interpretarlo necesito a Di Sarli en el piano, y no lo tengo...", expresión que grafica la importancia del Maestro como intérprete, director, compositor y arreglador.
Nada fue sencillo para este joven nacido el 7 de enero de 1903 en Bahía Blanca y fallecido el 12 de enero de 1960.
Hijo de un matrimonio italiano de la Umbria, octavo sobre nueve hermanos, desde pequeño estudió piano en el Conservatorio Williams, donde frecuentó a los clásicos Beethoven, Liszt, Bach, etc., prometiendo un gran futuro musical, al extremo que sus conocimientos hicieron que sus maestros le entregaran el alumnado para que les diera clases de música y canto.
Su hermano Nicolás fue un famoso barítono, Roque pianista, y Domingo profesor de música en el Conservatorio Williams. A los 17 años de edad había compuesto el inigualable "Milonguero viejo", para muchos expertos un paradigma del tango milonguero, melódico, rítmico, bravo.
Su vena itálica, concretamente de la Umbria (cuna de San Francisco de Asís) seguramente modeló rasgos de su personalidad.
Persona alegre, divertida, con humor y cierta ingenuidad en las bromas, era incapaz de mortificar con la palabra o los hechos. Su generosidad -pese a sus intentos de ocultarla- trascendió, respondiendo rápidamente en ayuda de necesitados, especialmente de niños. Se recuerda la donación desde 1945 hasta su muerte, de un importante porcentaje de sus derechos autorales al Patronato de la Infancia. Este hecho le creó un problema, "ya que en 1948 un funcionario público le insinuó que sus aportes debían pasar a otra institución, pedido que Di Sarli rechazó, valiéndole ser radiado de la actividad radial por espacio de dos años. Desconforme con la actitud asumida en ese caso por la Sociedad de Directores de Orquesta renunció remitiendo el siguiente telegrama: "comunico renuncia indeclinable". La respuesta fue otro telegrama, en este caso de la Entidad, que expresaba: "rechazamos su renuncia y comunicámosle expulsión por haber injuriado públicamente al Excmo. Señor Presidente de la Nación e inconducta partidaria" (1). A fines de ese año desarmó la orquesta, "cansado por las intensas luchas de los últimos 10 años" (2).
Por su constante obra filantrópica recibió la honrosa distinción de "Comendador de la Soberana Orden de la Santísima Trinidad de Villidieu de Malta y Rodas" (3).
Cara y cruz de una vida que entendía que la caridad jamás debe participar de la ostentosidad, debiendo ser efectuada callada y cristianamente, desechando toda tentación de encontrar en ella un motivo de fácil publicidad. (4)
Di Sarli calificaba a su estilo con dos palabras: rítmico y emotivo. Exceso de modestia, porque quien lo ha escuchado con atención sabe de la prodigiosa línea melódica del conjunto, de los matices agresivos o suaves según imponga la obra, de una precisión portentosa y del acierto absoluto en las orquestaciones que realizaba el propio Maestro.
Don Carlos Di Sarli fue la personalidad más brillante de la música popular en los recientes veinte años -1940 a 1960-, "cerrándose con él la página más sobresaliente del tango en los últimos tiempos...", decían los medios de entonces, concepto al que adherimos.
En enero de 1956, a dos meses de los bailes del Carnaval, la mayoría de los músicos de su orquesta resolvieron formar "Los Señores del Tango". Los contratos firmados lo obligaron a integrar otra orquesta en apenas quince días. Desfilaron innumerables músicos hasta que eligió a titulares y suplentes, ensayando desde la hora 22:00 hasta la hora 2:00 a 4:00 del día siguiente. Ejemplo de rigor, exigencia, profesionalismo, amor por el tango y cumplimiento de los compromisos. Sobra decir que en todos lados batió records de recaudación, y que en algunos lugares no se podía bailar porque el público quería escuchar la orquesta ocupando íntegramente las pistas.
Las cosas de los hombres le impidieron llegar al Colón, como merecía. El Señor del Universo le tenía reservado el mayor de los palcos celestiales para brindar, desde el mismo, la música de tango con más calidad y garra que hemos escuchado.
Nada mejor que un Poeta para definir al Maestro: "Alto el silencio que, expectante, calla./ Carlos Di Sarli a dirigir se apresta/ Aletean sus manos... y la orquesta relampaguea en lírica batalla.../ Y de esta suerte, redimido del barro por el estro/ logra la cumbre, en alas de la gloria inmarcesible del genial Maestro. (5)
Notas: 1, 3 y 4: Revista Tanguera, ed. extra, 1960; 2: Antonio Canto, "30 años de éxito a través de sus discos"; 5: Mario R. Vecchioli, "Excelsior", en Obra Poética, pág. 465.

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