Con la primavera, Rafaela se pinta de rosa, amarillo y blanco: los lapachos están en flor. Pero no se trata de cualquier árbol, sino de una especie autóctona que, además de sus flores, aporta muchos más beneficios a la calidad ambiental de la ciudad. Entre otras cosas, los árboles son uno de los mejores mecanismos de purificación del aire y reducen considerablemente los ruidos molestos propios de la actividad ciudadana e industrial. Además, ahora que llega el verano, los árboles como los lapachos ayudan a moderar la temperatura, permitiendo que nos adaptemos mejor a los cambios, y ahorremos en refrigeración y, por lo tanto, en energía eléctrica.
Justamente, los lapachos son una de las especies más utilizadas como ornamentales en arbolado urbano y espacios verdes de Rafaela, desde el punto de vista ambiental son más eficientes en el uso del agua -un recurso cada vez más crítico-, porque se desarrollaron a partir de la oferta hídrica de la zona. También son menos vulnerables a las inundaciones y a las enfermedades locales. Las principales especies que se encuentran en Rafaela son dos tipos de lapachos amarillos, los vistosos lapachos rosados, y los lapachos blancos, los cuales son un albinismo del rosado; sólo se reproducen de gajos y si se plantan por semilla, las flores de la nueva planta son rosadas.
En nuestra ciudad podemos encontrar exponentes de los tres colores de lapacho: el rosado, en Bv. Hipólito Yrigoyen; el lapacho amarillo, en Bv. Lehmann, camino al Autódromo, y en Sarmiento al 400; y de lapacho blanco en la esquina de Víctor Manuel y Caseros.