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Punta Cana, todo incluido

Uno de los destinos mundiales más recorridos, conocidos y descubiertos por millones de turistas puede ser tal como resulta vendido y ofrecido, un gran paraíso, o también y además puede ser otra cosa. Punta Cana es el nombre que recibe un cabo situado al este de la República Dominicana, en la provincia de La Altagracia, y en el cual se ubican numerosos complejos hoteleros, cuya superficie total es de unos 420.000 m². Según autoriza una web oficial la temperatura en el lugar oscila entre 21 ºC y 32 ºC (70 ºF y 90 ºF) durante todo el año, con menos de 800 milímetros de lluvias anuales. En 1968, la UNESCO declaró estas playas como verdaderamente excepcionales y únicas en el mundo por sus finas arenas blancas, sus aguas cristalinas y sus arrecifes de corales.

República Dominicana es el segundo país más grande del Caribe (después de Cuba); su extensión territorial es de 48,442 kilómetros cuadrados y se estima que tiene aproximadamente 10 millones de habitantes. Limita al norte con el océano Atlántico, al sur con el mar Caribe o mar de las Antillas, al este con el Canal de la Mona, que la separa de Puerto Rico, y al oeste con la República de Haití.


HOTELES 5 ESTRELLAS

Los placeres y lujos se sitúan dentro de cada hotel conformando un micromundo superpoblado de turistas, residentes autorizados pulserita de color mediante, de un sinfín de propuestas donde la naturaleza combina casi a la perfección las mejores arquitecturas con un paisaje de ensueños. En estos recintos el exceso pareciera ser invitado de honor. Algunas características standart están compuestas por un precepto cabecera “el famoso all inclusive” autoriza la disposición de una enorme cantidad de servicios, como snacks, comidas y bebidas ilimitadas situadas en decenas de restaurantes y bares. Varias piscinas increíbles, servicio de toallas, gimnasio, club de niños con actividades supervisadas, entretenimiento nocturno, clases de merengue, música, deportes: voleibol en la piscina y playa, waterpolo, tenis, ping-pong, esnórquel, aeróbic, aqua-aeróbic, tiro con arco, windsurf, kayak, casinos y discos, arman un combo donde impuestos y propinas están tácitamente incluidas.

El esplendor y la majestuosidad de estos recintos, se alza frente a un imponente escenario que acompaña generalmente las habitaciones distribuidas en numerosos edificios entre cocoteros y plantas de la zona que ofrecen múltiples variedades de verdes.


UN POCO DE HISTORIA

Todos los hoteles guardan la misma particularidad, se sitúan decenas de metros detrás de la playa que les pertenece. La historia de la privatización de las tierras y del mar tal como se advierte en la página puntacana.com señala que “en 1969 un grupo de inversores estadounidenses adquirieron un terreno de 58 millones de metros cuadrados equivalente a 48 kilómetros cuadrados de pura jungla en la costa este de República Dominicana. Con una forma casi rectangular, este terreno sin caminos contenía aproximadamente 10 kilómetros de costa marítima con numerosas playas exóticas de arenas blancas y cientos de cocoteros".

La Compañía de Desarrollo Turístico Residencial e Industrial SA (Coddetreisa), conocida actualmente como Grupo Puntacana SA, dirigida por el dominicano Frank R. Rainieri y el estadounidense Theodore W. Kheel, comenzó con el desarrollo del terreno en 1971 con el lanzamiento de un pequeño hotel conocido como Punta Cana Club. Tenía 10 chalets de dos habitaciones, un Clubhouse, un pequeño pueblo para los empleados, una central eléctrica y una pista básica de aterrizaje. Este hotel podía albergar a un máximo de 40 huéspedes.

Desde 1997, los dueños del Grupo Puntacana son Theodore W. Kheel, Frank R. Rainieri, Julio Iglesias y Oscar de la Renta. Las siguientes empresas pertenecen al Grupo: Grupo Punta Cana SA, Punta Cana Beach and Golf SA, Corporación aeroportuaria del este SA, Punta Cana Yacht Club SA, Corporación turística y de servicios Puntacana SA y Guardianes del este SA. Todas ellas se han agrupado de manera estratégica con el nombre comercial Punta Cana Resort & Club".


QUE HAY DETRAS

La extensa cantidad de hoteles que recubre la costa de Punta Cana se encuentra organizada manteniendo una misma particularidad, la de ofrecer una gran zona de reposeras y bares de playa muy cercanos a la costa. A cada hotel le corresponde una extensión de playa y por consiguiente el mar que se extiende hacia el horizonte. Si bien cabe la pregunta acerca de cómo el mar puede privatizarse, la respuesta inevitablemente encierra algo de extraña astucia entremezclada con algún abuso y ávidos negocios capitalistas.

La posibilidad de cercar el mar y privatizar las costas, creó de uno de los destinos turísticos más visitados en el mundo, un universo cerrado que guarda similares experiencias a las de cualquier buen country privado. Un micromundo donde el all inclusive de comidas, bebidas y amplios servicios a toda hora disponibles hacen del exceso de la atención un sitio ideal para que todo lo necesario esté presente. No hay preocupaciones ni problemas que enturbien la tan preciada seguridad, ya que hay muchos guardias que custodian estas macro fortalezas paradisíacas y modernas. Sin embargo y como suele ocurrir en los mejores cuentos y en la vida misma, se advierte que la opulencia del brillo que ofrece la superficie esconde una contracara menos amable, más dura e invisible. Detrás o mejor dicho muy delante, pero definitivamente detrás de aquello que puede ser visto a simple vista, se esconde la vida de miles de personas, fundamentalmente dominicanos y algunos haitianos, que trabajan dentro de estos complejos. Los servicios de mucama, cocina, lavandería, instructores de juegos playeros, recepcionistas, mozos y mozas, que se desempeñan en Punta Cana no residen allí, viven a casi una hora de viaje en una ciudad llamada Higuey. La exclusividad del paraíso terrenal reservado para unos pocos turistas hace que el exceso de las ofertas se transforme en segregación, diferenciación y exclusión irónicamente experimentada por los mismos habitantes del país. Desde los hoteles se hacen cargo de pagar el traslado diario hacia Punta Cana, donde la mayoría del personal de servicio acostumbra trabajar entre 12 y 16 horas diarias por módicas sumas que van desde los 100 a 300 dólares en los mejores casos. Tal vez esta referencia sirva de ejemplo para entender porque los dominicanos que se dedican a vender artesanías son casi los mejores comerciantes del mercado, así como también explique esta consideración porque excluidos de Punta Cana, la mayoría vive en Higuey donde quedan cerca la inseguridad, los robos y falta de justicia. Así se sitúa otro universo, necesario para que exista el anterior, hostil y dedicado al servicio ha hecho de una frase el emblema de la atención y símbolo de la sumisión, “a la orden”, suelen expresar los empleados ante algún pedido, mientras otros por si esto fuera poco, agregan una palabra que vuelve más extrema la respuesta, diciendo “a la orden …siempre”.

Autor: Ana Paula Rosillo

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