Lucca, desde nuestro punto de vista, es una de las ciudades más auténticas de Toscana y, por qué no, de Italia. Ubicada al norte de la Región Toscana, entre Pisa y Florencia, es muchas veces olvidada por las guías turísticas, apenas es nombrada, cuando amerita ser más tenida en cuenta.
En nuestro tercer viaje a esta hermosa ciudad de apenas algo más de 80.000 habitantes, la encontramos más hermosa que nunca.
Llegamos desde Bologna, capital de Emilia Romagna, en tren, en un día algo nublado y el taxista nos advirtió que cuando hay una nube sobre el cielo de Toscana la lluvia cae en Lucca. En efecto, se produjeron algunos chaparrones, pero eso no nos amedrentó para descubrir sus callecitas.
Nos alojamos en un apartamento sobre la vía Santa Croce, en pleno centro histórico de la ciudad. Cada mañana al despertarnos escuchábamos el rumor de la gente que pasaba, las campanadas de las iglesias y a veces el jolgorio de los jóvenes que regresaban de los bares.
Lucca, ciudad etrusca, ligure y romana, nos sorprendió a cada paso. Caminar por sus calles, pobladas de bicicletas, es algo inolvidable.
La ciudad, cuna de Giacomo Puccini, es famosa por conservar casi intactas las murallas que rodean el centro histórico. Sus muros, que tienen una altura de doce metros, tienen una extensión de 4,5 kilómetros. Con sus muros pretende defenderse no ya de sus enemigos, sino de la modernidad.
La catedral de San Martino merece una visita especial. Guarda numerosas obras de arte de Nicolás Pisano y de Ghirlandaio. Sin lugar a dudas, las que se destacan son La Ultima Cena de Tintoretto, la Santa Faz (1) y el monumento funerario de Ilaria del Carretto (2).
Otra Iglesia que vale la pena conocer es la de San Miguel in Foro, construida en el siglo VII sobre las ruinas de un antiguo foro romano. Su fachada está decorada con intrincados detalles de animales y plantas y en lo más alto se encuentra una enorme estatua del Arcángel Miguel.
Nos enamoramos de la plaza del Anfiteatro, única en el mundo por su forma ovalada. El sitio debe su nombre al antiguo anfiteatro que allí se emplazaba en el siglo I. A pesar de que el mismo fue posteriormente transformado en residencias, todavía se pueden observar restos de los muros externos. A la plaza se puede acceder por medio de cuatro entradas, pero sólo una de ellas conserva la forma original. En esta plaza se encuentran numerosos restaurantes, trattorie, gelaterie, y negocios de souvenires además de ser el lugar donde se efectúan los mercados populares.
¿Y qué decir de la Via Fillungo?, es la calle más famosa de Lucca, concurrida, colmada de negocios y bares. Nada más grato que sentarse a una mesita y degustar un plato típico toscano o simplemente beber una “birra” y comer un “panino”.
Sorprendente descubrir la famosa torre y Palacio Guinigi, uno de los monumentos más famosos de Lucca. Construido por la familia Guinigi, ricos banqueros de la ciudad que levantaron esta torre para demostrar su potencia y prestigio. Lo más curioso de la torre son los jardines de encinas que se encuentran en lo más alto.
Podríamos escribir mucho más sobre Lucca, pero lo más importante es su aire provinciano, medieval, la calidez de su gente que te hace sentir el verdadero estilo de vida italiano en su estado más puro.
1) La Santa Faz, o “Volto Santo”, es un crucifijo de madera cuya construcción se le atribuye en la tradición medieval a Nicodemo y que tiene la particularidad de mostrar a Jesucristo vestido.
2) Ilaria del Carretto (1379-1405) fue la joven esposa del noble Paolo Giunigi fallecida después de dar a luz a su segundo hijo. Era conocida y admirada por su belleza. Su marido mandó construir un monumento funerario en su memoria, encargándole su construcción al escultor Jacopo della Quercia.
Colaboración de Ana María Barsotti del Centro Toscano de Rafaela y Natalia Fontanet Barsotti de Jóvenes Toscanos de Rafaela.