Los momentos más cálidos fueron cuando los protagonistas expusieron sus recuerdos.
Así, Juan Carlos Peiretti narró que "entré a trabajar de Paviolo en 1961 con 15 años, de la mano de Enrique Perlo que era coterráneo de mi padre. Primero como cadete de la mercería y luego vendedor en la tienda. Se trabajaba distinto que ahora, la atención era más personalizada y el cliente venía y elegía al vendedor. Este era un consejero de su cliente. Y entre los empleados había un compañerismo que daba gusto, íbamos a trabajar con alegría. A veces media hora antes para charlar", narró.
Luego, José «Pepe» Corrales contó que "en la casa Ripamonti conocí a todos, a los empleados, a don Faustino y su señora y a sus hijos. Don Faustino le dio empleo a mi padre en circunstancias muy difíciles para mi familia. Lo designó jefe de la sección Mercería en 1920, y allí trabajó hasta que se jubiló. Viajaba a Buenos Aires cinco veces al año para traer las últimas novedades", recordó. Y agregó que "Faustino era una persona muy vivaz, inquieta, hasta su fallecimiento que fue en enero de 1928. Todavía la calle era de tierra y ese día cerró todo, porque era una de las personalidades de Rafaela", señaló. "Ripamonti -continuó- viajaba a Italia a su pueblo cuatro veces por año y cuando volvía se traía dos empleados nuevos para trabajar acá. Yo empecé junto a mi padre a los 8 años, limpiando y acomodando juguetes. Más grande fui al escritorio, para ir a los bancos y al correo, y allí asumí en 1936", dijo.
En otra instancia, Orlando Pérez Manassero recreó situaciones de época con el uso del piamontés, y además dijo que "entre los chacareros era un rito venir a Rafaela a lo de Ripamonti. Eso sucedía una vez al mes o cada dos meses, para venir a buscar las provisiones. Toda la familia se vestía con la mejor ropa que disponían en ese tiempo y se embarcaban hacia Rafaela para asistir a la misa de 10. La volanta se estacionaba alrededor de la Plaza y allí mismo les daban de comer a los caballos. Finalizada la misa, entraban a Ripamonti a comprar, y pedían por un vendedor que ya conocían -todo en lengua piamontesa-. Antes de la compra en sí se preguntaba por la cosecha y toda clase de chimentos, y la compra se pagaba con la cosecha varios meses después", resumió.