El nombre de la Policía siempre se asocia a la seguridad, siendo habitual que muchas personas tengan la idea en su mente de que es un cuerpo del Estado que se dedica a evitar que se produzcan incidentes, sobre todo ante manifestaciones y concentraciones, o en aquellas situaciones en las que hay una elevada concentración de personas en un determinado lugar.
Sin embargo, la profesión de Policía es mucho más que eso, y su intervención y labor son fundamentales para resolver muchos sucesos como los robos y atracos tanto a entidades financieras, como en viviendas o asaltos en plena calle.
DIVERSIDAD DE
ACCIONES
Los agentes de la Policía son igualmente claves para investigar diferentes delitos, y actuar ante peleas callejeras y violencia de género, así como, también, abusos y agresiones sexuales, entre otros casos.
Y la lucha contra la venta de productos y sustancias ilegales, como por ejemplo las drogas, también forma parte de la actividad policíaca.
Son acciones del día a día, a las que se puede sumar una larga lista más de situaciones que requieren la intervención policial, como la presencia de personas en estado de ebriedad o padeciendo el efecto de las drogas, causando problemas en la calle o establecimientos como bares, peleas familiares, y ataques a través de las redes sociales o de Internet.
VOCACION, Y UNA
ESPECIFICA FORMACION
Lo precedente se inserta en una actividad que requiere de una gran dosis de vocación, porque se trabaja para los demás y para la sociedad.
Pero la vocación no sustituye la necesidad de contar con una formación específica para convertirse en policía, y atender las diferentes situaciones conflictivas a las que se enfrentan cada día.
Varias son las opciones que se tienen hoy en día para adquirir todos estos conocimientos, y solamente se requiere la decisión de abrazar una profesión más allá de verla como una fuente laboral que permita un ingreso económico.
UNA REALIDAD
Lamentablemente, con relación al párrafo anterior la realidad indica la constatación de una muy importante cantidad de casos donde se comprueba que solamente se elige ser policía por lo citado en último término.
Y eso, indudablemente, conspira a la hora de evaluar las labores de determinado uniformados en su diaria labor profesional.
Y lo que resulta peor, tiene que ver con la comprobación de muchos casos en que desde la Superioridad no se arbitran medidas tendientes a revertir ese proceso.
Claro que no se debe generalizar, pero como consecuencia de lo que se observa cotidianamente, sería importante poner en la superficie aquello de que "el ojo del amo engorda el ganado".
Y, además, dejar de lado el cumplimiento de situaciones de índole permisivo, y manejarse con lo que determina el reglamento que rige desde la misma creación de la Policía.