Vinicius de Moraes, además de su participación tan conocida en el ambiente de la música (La muchacha de Ipanema y tantos otros) desarrolló por muchos años la escritura en forma de poesía, para ser leída en libros, obviamente sin música para ser cantada. Enérgica, vital, sonora, es imposible pasar indiferente por ella. Hay un primer período de inspiración trascendental, mística en muchas oportunidades debido a su formación cristiana, que culmina en 1936. La restante vertiente tiene un contenido opuesto y se alimenta de una aproximación al mundo material.
Vinicius utiliza el verso largo, a veces de dos o tres líneas, de un modo tal que su texto parece por momentos escritura en prosa, pero las provocadoras metáforas y la abstracción mediante la síntesis, muestran claramente la intención lírica.
Del primer período es “Ariadna, la mujer” y dice en unos párrafos “Como si la soledad trajera la presencia de un cadáver -y para mí era como si la naturaleza hubiese muerto- / yo aspiraba su respiración ácida, presentía su trago monstruoso -pero para mí era como si ella hubiese muerto- / paralizada y fría su sombra inmóvil inmensamente levantada hacia el cielo alto y sin luna / ... ninguna desesperación en las lianas que colgaban, ningún hambre en la mucosidad que afloraba de las plantas carnívoras.../ y me vi solo, desnudo y solo, como si la traición me hubiera envejecido siglos /tristemente me brotó del alma el blando nombre de la Amada: “¡Ariadna!”.
También de ese período es “Balada feroz”: “Arroja tu poema inocente sobre el río venéreo que devora a las ciudades / sobre las chozas donde los escorpiones se matan ante la visión de los amores miserables / acuesta tu alma sobre la podredumbre de las letrinas y de las fosas / por donde pasó la miseria de los esclavos y los muertos”.
Si recordamos en este momento a la “Garota de Ipanema” y nos parece que fuera obra de otro autor, deberemos tener en cuenta esta otra poesía “La mujer que pasa”: “Mi Dios, yo quiero a la mujer que pasa /su espalda fría es un campo de lirios /tiene siete colores en sus cabellos / siete esperanzas en su boca fresca /... que queda y pasa, que apacigua / que es tan pura como pervertida / que flota leve como una cáscara /y tiene raíces como la humareda”
Pero si aún nos siguen pareciendo dos autores en una misma persona, repasando la letra de “Garota...”, se puede apreciar que esa célebre bossa no es sólo un elogio a la gracia de una mujer que pasa (tema que como vemos, es también recurrente en Vinicius) sino que también contiene una reflexión profunda, porque el paso sensual de la mujer le hace olvidar “el maldito mundo donde las soledades no se conectan”.
Vinicius de Moraes nació en octubre de 1913 en Río de Janeiro y murió en la misma ciudad en julio de 1980. Llenó su existencia de sensaciones y compartió sus vivencias, dejó en el arte lo más intenso de su sentir.
Por sobre todas las cosas, vivió.