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Placer y alegría

“La mayor parte de los placeres, dicen los sabios, nos halagan y lisonjean para ahogarnos...; y si el dolor de cabeza viniese antes de la embriaguez, nos guardaríamos muy bien de beber; pero la voluptuosidad nos engaña y nos oculta sus consecuencias”. El pensamiento lo escribió Montaigne, y es una de las verdades que frecuentemente se olvidan.
Algo parecido había dicho Balmes: “La prueba de que el fin de nuestra vida no es el placer sensible se ve en la limitación de las facultades para gozar. El gastrónomo más voraz está condenado a privarse de muchas cosas si no quiere morir. Todos los demás goces están sujetos a la misma ley: quien la infringe, sufre; si continúa, pierde la salud, y si se obstina, muere”.
En su libro “¿Tener o ser?”, Erich From hace una larga exposición sobre la diferencia entre el puro placer y la verdadera alegría. Y anota luego:
“El placer y la emoción conducen a la tristeza después de alcanzada la llamada cumbre; porque el estremecimiento se ha sentido, pero el recipiente no ha crecido. El propio poder interior no aumentó. Se intentó terminar con el aburrimiento de la actividad improductiva, y por un momento se unieron todas las energías, excepto la razón y el amor. El individuo intentó volverse sobrehumano, sin ser humano. Parece haber alcanzado el triunfo, pero este va seguido de una profunda tristeza;’ porque nada ha cambiado dentro de él.
El dicho “Después del coito el animal se siente triste” expresa el fenómeno del sexo sin amor, que es una “cumbre de la experiencia’, de la excitación intensa, y por consiguiente de la emoción y del placer, y necesariamente va seguida de una desilusión, porque termina. La alegría por el sexo sólo se siente cuando la intimidad física es al mismo tiempo la intimidad del amor...”.
¿Conoce la frase de Lubbock? “Para gozar por completo de la vida es preciso que estemos dispuestos a privarnos de muchos placeres atractivos. Se gana más renunciando a los deseos que satisfaciendo las pasiones”. Para pensarlo...

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