Una jornada de caza menor -tras las perdices por
ejemplo-dura unas seis horas como mínimo. Esto resulta una prueba muy
exigente para cualquier perro de caza, pero un
animal bien entrenado debería poder sobrellevarlas sin muestras de
agotamiento extremo. Lo lógico sería que
cuando el cazador advierte signos de gran cansancio debería parar de cazar o en
el mejor de los casos cambiar de perro. Muchas veces sucede que el instinto de
caza es tan fuerte en el perro que aún extenuados continúan cazando. Llegar a
este extremo podría resultar peligroso -hasta fatal- para nuestro compañero
de cacerías. Si cazamos un día domingo -lo que supone que el
lunes no cazaremos- se le puede exigir un poco más al perro, pero si cazamos
un sábado por la tarde para luego volver a cazar el día siguiente deberemos ser
muy cuidadosos en lo que exigimos al perro ya que a veces no alcanzan a
recuperarse para una nueva jornada de caza. Para que el perro rinda físicamente,
además de tener un entrenamiento adecuado, debe estar bien hidratado. Por ello
cuando salimos a caminar por el campo es importante planificar la caminata
teniendo en cuenta los molinos o aguadas donde el perro pueda beber y mojarse.
Un perro que trabaja bien hidratado tendrá menos problemas musculares, renales
y tardará mucho menos en recuperarse. El perro de caza es casi un superatleta
pero rara vez tiene el entrenamiento
suficiente como para exigirle todo su potencial. Para que trabaje como un
superatleta y poder exigirlo en consecuencia deberíamos sacar a correr a
nuestro perro, por lo menos 5 días a la semana, dos horas cada día, que es lo
que se entrena un atleta. Esto con la alimentación adecuada nos permitiría
llegar al máximo de ese potencial latente en el animal. Pero, la realidad es
que casi nadie puede dedicar tanto tiempo a su compañero de caza, por eso las
exigencias no deben ser tantas, pese a que el animal demuestre intenciones de
lograrlo. Como decíamos, la rehidratación es muy importante por ello, en la
medida de lo posible debemos proporcionarle el agua suficiente, y lo más limpia
posible para evitar diarreas o vómitos que agotarían aún más al perro. Sucede a veces que buscando las perdices nos
vamos muy lejos y no encontramos agua en nuestro camino. El perro está muy
cansado por la caminata, el calor o los pastos altos y camina detrás nuestro
con evidentes signos de agotamiento. Para esos casos deberíamos utilizar sales
de rehidratación o diluir en 1
litro de agua limpia el jugo de un limón, una cucharada
sopera de azúcar, una de sal y una de bicarbonato lo que será suficiente. Junto
a ello, una barra de cereal o un caramelo ayudará a la rápida recuperación de
nuestro fiel compañero de caza.