"Todos desean la paz; pero no tienen todos cuidado de las cosas que pertenecen a la verdadera paz", escribió Tornas de Kempis. Algunos siglos después, Miguel de Cervantes enriqueció la idea cuando dijo: "Todos procuran la paz del alma; pero no la buscan donde se halla”. Muchos siglos antes, el gran obispo san Agustín había expresado un sabio dicho: "Las cosas hallan la paz cuando están en su lugar".
Entre los bellos pensamientos de Constancio C. Vigil, quisiera rescatar hoy algunas pocas ideas de su "Plegaria por la paz" :
¡Bendita sea la paz y sus cosechas ¡Bendito el amor y todos sus frutos!! Benditos los pensamientos de las madres, que uno solo de ellos pesa más en la balanza de los cielos que toda la soberbia de los césares! (...)
Alabada sea la paz que deja a los bueyes uncidos al arado, y el arado abriendo el surco, y el surco en hervor de vida, y la vida derramándose pródiga y triunfal sobre la haz de la tierra.
Alabada sea la paz en la que el rosal florece, el árbol fructifica, la mies madura, y estén juntos aquellos que se aman, y se aman todos aquellos que se juntan en las lides del trabajo y en las fiesta del placer.
Alabada sea la paz, en cuyo seno se ganan las batallas contra el hambre y la ignorancia, y se acrecientan sin cesar las filas de los ejércitos de Dios.
¡Compasión para las madres que no infunden a sus hijos la aversión a Caín!¡Compasión para los padres hacedores de huérfanos! ¡Compasión para los que con el culto de la guerra preparan la desolación de las ciudades y de los corazones, las matanzas de hombres y de sublimes pensamientos!
Dejo para el final esta ya célebre consigna de -Juan Pablo II para los jóvenes del mundo entero: "hagan con sus manos una cadena de unión más fuerte que las cadenas de la guerra" .