Por Alicia Riberi. - Benedicto siempre ha debido estar en medio de críticas, comentarios, juicios y yo me pregunto: ¿Hemos valorado en su justa medida a Benedicto XVI como nuestro pastor?
Ha llegado a la Iglesia Católica, cuando esta perdía a un fuerte referente, no sólo para los católicos sino para todos los cristianos del mundo, eso implicaba un gran desafío. Sumado a esto pareciera que la prensa se sumó para exponer de la manera más destructiva posible los pecados de la iglesia -qué existen no se niega- pero lo que sí no podemos negar es que no se publican las acciones anónimas de tantos sacerdotes que están trabajando en comunidades aisladas, sufrientes y carentes de casi todo.
La primera encíclica de Benedicto XVI “Dios es amor” encierra un contenido tan profundo que lo define como persona, dice por ejemplo: -…El término "amor", una de las palabras más usadas y de las que más se abusa en el mundo de hoy, posee un vasto campo semántico… El amor es gratuito; no se ejercita para alcanzar otros fines…
Benedicto XVI tuvo que ser el amigo de la norma, del límite, del ajuste, cuando el ser humano de por sí disfruta al transgredirlos… Es que somos tan ilusos que por los pecados de tantos sacerdotes, se nos debe permitir todo a nosotros, escudándonos en que como ellos debiendo ser santos, cometen tantos errores, porque no nosotros y sumado a esto, cómo le vamos a contar nuestras faltas a semejantes pecadores…
Qué groso error… Dios nunca dijo que sus discípulos eran santos, sabía que tendrían tentaciones como las tuvo Él, que sólo siendo Dios pudo vencerlas.
Primer punto, sacerdotes consejeros, hombres comunes que tratan de superarse día a día, a veces caen y ellos y sólo ellos darán cuenta de sus actos al Supremo… como nosotros.
Segundo punto, dijo Dios -los pecados serán perdonados a los que Uds. se los perdonen y serán retenidos a quienes Uds. se los retengan- en la institución del sacerdocio-, tanto unos como otros, es decir las dos partes que no cumplan tendrán que en algún momento vérselas con Dios -confesado y confesor-.
Tercer punto: la Iglesia Católica adhiere al celibato, es condición fundamental para dar votos como sacerdote… pero, quién obliga a un sacerdote a efectuar ese juramento. Nadie, es más, el que no se siente capaz puede convertirse en diácono permanente y puede estar casado… y por eso no hay diáconos pecadores, que se equivocan como padres, como hijos, como maridos. ¿Quién garantiza que si los sacerdotes se casaran serían mejores… podrían dejar un hijo moribundo para ir a atender a otros moribundos?
Cuarto punto: nosotros personas comunes, no podemos comprender que perder un hijo debe ser terrible, o que te sean infiel es muy triste, o que un hijo caiga en la droga te destruye y así podría seguir enumerando cosas que a veces no nos pasan, pero comprendemos que si nos pasara es muy feo. Entonces ¿los sacerdotes que palpan la pobreza, sus conflictos, la riqueza y sus egoísmos, no pueden aconsejarnos, porque sólo hay que vivirlo para saber? Cómo aconsejaríamos a un hijo drogadicto si no fuimos drogadictos… lo haría por amor, sólo el amor enseña cosas increíbles. El sacerdote que conoció el verdadero amor a Dios -pero no por eso deja de ser pecador- que se encontró cara a cara con el creador -de los que también hay muchos- pueden ser increíbles amigos, consejeros, escuchas, acompañantes para el dolor.
En su última encíclica Benedicto XVI expresa que no hay otro fundamento para la esperanza que Dios. Es una constante que se repite en cada página de la encíclica y con carácter único: "El hombre necesita a Dios, de lo contrario queda sin esperanza,… y así podríamos mencionar cientos de citas maravillosas que este Papa si no tan carismático como Juan Pablo II, fue elegido desde el espíritu de Juan Pablo II, cabe alguna duda de esto.
Dejemos de buscar excusas para no creer y para no aferrarnos a un cambio profundo… si no lo hacemos, no hay Papa, ni cura, ni nadie que sea responsable más que nosotros. Dios nos hizo libres de elegir el propio destino y eso hacemos todos los días, Dios no es culpable de lo que nos pasa, cada uno cosecha lo que siembra y otras cuantas veces nuestra fe es probada para ver qué clase de hijos somos… es hora de responder… ¿qué hijos somos? Benedicto respondió, El es un hijo dilecto que aprendió de renuncia, de humildad que no es lo mismo que el abandono…el que abandona a sus ovejas no se recluye en una casa de oración a dedicar el tiempo que le quede por vivir a rezar por vos, por mí, por nosotros…¡qué grandeza!
Gracias Benedicto XVI… has sabido leer los designios de Dios…