El encuentro que cada uno tenga con Cristo define su manera de vivir la Pascua.
Pascua es una gran oportunidad para todos los que deseamos darle un cambio, un sentido profundo a nuestra vida. Es mirar de manera distinta nuestro interior, sin omitir nada, ya que nuestros pecados por pequeños que parezcan, a veces se transforman en vicios que nos alejan de Dios.
Es caminar la Cuaresma con deseos de transformación genuina, no para mostrarle al mundo una bondad hipócrita, sino para transitar un camino de santidad que Dios nos pide desde que nacemos. Nos asusta la palabra santidad porque la relacionamos con privarnos de todo, con sacrificio desmedido y la santidad es un largo camino a la casa celestial, que sí, implica esfuerzo, pero con Dios el esfuerzo es un cúmulo de sensaciones y vivencias maravillosas que nos ayudan a crecer como personas.
En este tiempo de penitencia, Dios nos pide a todos, grandes, chicos, pobres, ricos, creyentes y no creyentes, incluso a los mismos sacerdotes, austeridad, compartir lo poco o lo mucho, escuchar, limpiar las impurezas del alma, es una recomposición interior ya que todos estamos apegados a cosas efímeras, que se convierten en falsos dioses, porque pareciera que sin ellas no podemos vivir.
El papa Francisco llegó en un momento en que estamos necesitados de un pastor que con su humildad, su firmeza y sus gestos contundentes nos agrupe hacia un horizonte distinto. Con este gran pastor, Dios nos regala la oportunidad de renunciar a los excesos, de construir modelos diferentes, más humanos, más cercanos a El.
Vivir una Pascua en el estado más puro es como subir a un puente y arrojar desde allí todo lo que no sirve para que se hunda en las profundidades y no pueda reflotar interponiéndose así en una elección nueva de vida en Cristo.
Por eso es fundamental descubrir, que no hay causa suficientemente importante, que justifique el odio, la violencia, las decisiones tajantes e intransigentes, todo es posible con un diálogo abierto, sincero, no hay causa que justifique cobrarse una vida, es que estamos locos, perdidos o ciegos.
El Papa pidió a sus sacerdotes ser pastores con olor a oveja, que salgan, que se contacten con la gente más necesitada, que escuchen y se hagan carne del dolor ajeno y yo como cristiana opino que nosotros, los que vivimos la Pascua diciendo que somos creyentes, cristianos y nos golpeamos el pecho gritando nuestra fe, es hora que estemos a la altura de las circunstancias, evangelicemos sin vergüenza en nuestros lugares de trabajo, en nuestros barrios y en los barrios que nos necesiten.
Interesante sería también que nuestros políticos se unan a esta propuesta, no regalando parches, sino construyendo estrategias más humanas, no creyendo que el amor al prójimo se demuestra sólo regalando para ganar votos, sino enseñando a ganarse dignamente el sustento, otorgando oportunidades genuinas de trabajo.
Llegó Pascua y es posibilidad de conversión para todos, Dios nos llama con amor y esperanza... no lo dejemos esperando... El está dispuesto a perdonarnos a todos, sin distinción de ningún tipo... es por eso que Pascua “puede ser” nuestra gran reconciliación con Dios y con la vida... somos libres de elegir, hasta ese premio nos regaló.