Por Carla Molinaro. - El 7 de abril se celebra el Día Mundial de la Salud. Este año, el lema es “Envejecimiento y salud. La buena salud añade vida a los años”.
Y es esta una oportunidad especial para preguntarnos acerca de nuestro futuro y nuestra vejez.
En realidad no sabemos cómo será pero si podemos prepararnos para recibirla de la mejor manera.
Muy pocos son los que se preparan para este momento de la vida, pero es muy importante poder hacernos un replanteamiento y comenzar desde muy temprana edad a evaluar el estilo de vida que llevamos. No sólo pensar en una reserva económica, sino también pensar en una reserva emocional, intelectual, física, social, para poder proyectar un bienestar global. Como dice Santiago Kovadloff “si bien la vejez no me ha alcanzado ya me inquieta” y esa inquietud debe servirnos para comenzar a proyectar nuestro futuro.
En la actualidad hay un reto más complejo que sólo prolongar la expectativa de vida y este es lograr vivir mejor, lograr calidad de vida.
Ya es hora de que cambiemos la imagen que tenemos del envejecer, no estamos en el siglo pasado donde los pocos que llegaban a viejo eran considerados ancianos y donde se relacionaba la vejez con la dependencia. Hoy, con los grandes cambios culturales, sociales, científicos, tecnológicos se puede demostrar con hechos que en el envejecer se sigue creciendo, aprendiendo, proyectando y sobre todo viviendo, como ha dicho el médico gerontólogo Juan Hitzig: “Para entenderlo debemos ser capaces de poner el envejecer del lado de la vida”.
Podemos lograr que el envejecer sea una etapa llena de vitalidad, plenitud, logros, de agradecimiento a la vida, lucidez, creatividad, llegar a enriquecer el espíritu, la mente y el cuerpo.
El sentido de la vida requiere una nueva conceptualización y que hagamos el cambio a tiempo, para ello debemos tener en cuenta que un envejecer saludable requiere que pensemos que:
• Debemos aceptar la idea de que envejeceremos.
• Tener presente que lo que hagamos de nuestras vidas dependerá nuestro modo de envejecer.
• Ser flexible a los cambios que se nos presentan.
• Tener la capacidad de auto cuestionarse.
• Seguir creciendo internamente, aprendiendo, enriqueciéndose.
• Mantenerse en continua actividad, gestando nuevos proyectos.
• Seguir enriqueciendo las capacidades intelectuales, emocionales, relacionales, evitando un posible deterioro.
• Hallar modos diferentes de seguir siendo sexuales, evitando las comparaciones con otras épocas de la vida.
• No ser dependientes de una persona, sino poder variar los apoyos desde nuestra temprana edad y evitar la caída emocional ante pérdidas.
• Llevar una dieta sana y mantenerse físicamente activos.
En nuestra época estamos siendo testigos de grandes cambios y dentro de ellos se encuentra el de envejecer. Hoy podríamos hablar no solamente de abuelos jóvenes de espíritu que actúan sólo como abuelos sino que además tienen sus propias actividades, estudian, viajan, participan de actividades sociales y construyen su presente, de esta forma nos demuestran que el período en el que se encuentran no es un período estático e inflexible sino más bien para seguir creciendo y proyectando.
Nunca es tarde para empezar.
La autora hizo un Master universitario en Gerontología Social Aplicada de la Universidad de León (España) a través de Fundación Iberoamericana.